Buenas Nuevas

“Jesús se apareció a los discipulos…”

“Jesús se apareció a los discipulos…”
Tony Salinas Avery, Sacerdote
Nos encontramos amigos comentando el Evangelio de este III Domingo de Pascua, y de nuevo la Palabra de Dios nos testifica la presencia real del Resucitado ante su comunidad de testigos. En este texto se da la buena nueva del perdón de los pecados, con un gran fruto pascual.

Este anuncio viene presentado en un ámbito podemos decir litúrgico, Jesús, les saluda “La paz esté con ustedes”, comienza luego una auténtica liturgia de la Palabra a través de la meditación de la Biblia. En los oyentes, la mente se abre a la inteligencia profunda de esa Palabra que ahora se relee a la luz de la venida del Hijo de Dios y de su victoria sobre el mal y sobre la muerte. Al final, Jesús les confía a los discípulos una misión, la de ser testigos de la pascua en todo el mundo revelando su fecundidad y el poder liberador, expresado precisamente en el perdón de los pecados. La pascua engendra hombres nuevos, libres del mal. Su victoria desde la cruz del Calvario, ha podido curar las heridas más dolorosas de la existencia terrena del hombre y “al morir le quitó su poder al que reinaba por medio de la muerte, es decir, al diablo. De este modo, liberó a los hombres que, por miedo a la muerte, permanecían esclavos en todos los aspectos de su vida” (Hb 2,14-15).
El valor maravilloso de la muerte y resurrección de Jesucristo, no sólo consiste en haber vencido el pecado y la muerte, sino que además ha restituido al amor esa fuerza creadora en el hombre, gracias a la cual él nuevamente tiene acceso a la plenitud de vida de santidad que sólo Dios puede dar. El cristianismo es pues a la luz de esta Palabra de vida, el lazo que se entrecruza entre lo divino y lo humano, entre el misterio y los sentidos, entre el Espíritu y el cuerpo, entre la resurrección y la muerte. Hay que saber leer y meditar los textos para saborear esta riqueza espiritual para todos.