San Pedro Sula

¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?

¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?
Se busca lo que no se tiene, pero se desea y en parte ya se conoce, de vista o de oídas. Las mujeres que de mañana van al sepulcro de Jesús ya lo conocían en parte. “Le habían acompañado desde Galilea”.

Rompiendo los controles de la época, se habían hecho “discípulas” del Rabbí Jesús. No lo tenían ahora. Había sido crucificado, muerto y sepultado.
Estas mujeres buscan a Jesús. Pero buscan menos de lo que es Jesús. Buscan su cadáver. Por tanto, lo buscan en el sepulcro, donde lo habían puesto: v. 55: “lo iban observando todo de cerca y se fijaron en el sepulcro y en el modo en que habían colocado el cadáver”. Lo buscan entre los muertos. Ahí debía de estar. La piedra estaba sellada y custodiada. Así pensaban. Pero “encontraron la piedra del sepulcro corrida a un lado” (v. 2). ¿Qué habrá pasado? “Entraron pero no encontraron el cuerpo del Señor Jesús” (v.3). Buscan el cadáver de Jesús y no lo encuentran. No está en el sepulcro. La tumba está vacía.
“Se quedaron perplejas” (v.4), confundidas sin saber qué pensar ni hacer. Notemos que el sepulcro vacío por sí mismo no tiene un significado teológico, no remite a la resurrección. El cadáver ha podido ser robado. Las mujeres por sí mismas, ante la tumba vacía se “quedan perplejas”. No dice: “creyeron”.
“Dos hombres con vestidos deslumbrantes se presentan ante ellas y les dijeron: por qué buscan entre los muertos al que vive” (v.4). Dos mensajeros celestes les dirán por qué está vacía la tumba. “Ustedes buscan a Jesús entre los muertos. Pero Él no está aquí. No es este su sitio definitivo. Ciertamente murió. Pero la muerte no tiene dominio permanente sobre Él. Él es “el que vive”, el “viviente”. Ha resucitado”. ¡Ha resucitado! Por primera vez resuena en los aires la mejor noticia para toda la humanidad, y su eco ha llegado hasta nosotros. ¡Ha resucitado! No se lo dicen como una “fría información”. Es una proclamación, un testimonio celeste. Jesús, su persona, su mensaje, su causa, no están muertos, no ha muerto para siempre, sino que están vivos. En el libro del Apocalipsis dirá el mismo Jesús al vidente Juan: “Yo soy el que vive, estuve muerto, pero ahora vivo para siempre” (Ap. 1, 17-18). Las mujeres “buscaban a Jesús”, el cadáver de Jesús y se les anuncia a Jesús, como “el viviente”, “el resucitado”. No se narra ni describe la resurrección como tal. Nadie la ha visto, ni nadie puede describirla. Solo se afirma, se proclama: “Ha Resucitado”, Dios lo ha resucitado.
Si nosotros nos quedásemos en este nivel de reflexión, en lo que aquellas mujeres buscaban y encontraron, seguiríamos buscando a Jesucristo “entre los muertos”, en el pasado. Es preciso que demos un paso más. Si se anuncia que Jesucristo está vivo, resucitado, este gozoso mensaje nos afecta a todos, siempre y en todo lugar. A nosotros se nos dice hoy: “no busquen a Jesucristo entre los muertos. Ha resucitado”. eámoslo de corazón, celebrémoslo con alegría desbordante y anunciémoslo con audacia y convicción.
Ángel Garachana
Pérez, CMF