Caminar

Mieles del mismo panal

Mieles del mismo panal
José Nelson Durón V., Columnista
Vida y muerte son mieles del mismo panal, polvo del mismo suelo y significan un regreso a Dios, fuente inacabable de vida, que observa a lontananza cada uno de nuestros pasos de regreso a casa.

La santa Biblia dice que la muerte física no es consecuencia del pecado del hombre, sino de su naturaleza frágil, que no es igual a la esencia divina. Adán y Eva, hombre y mujer símbolos de la humanidad en la Creación, murieron hasta después de nacer Set, sustituto de Abel y padre de Enós, que fue el primero en invocar a Yahvé (Gen 4,25-5,2). El gnosticismo de moda, que piensa que disfrutamos de un poder absoluto sobre nuestros cuerpos y sobre la misma creación, lleva el mundo a propiciar el aborto, el transexualismo, transgenerismo, eutanasia y otras armas contra la vida, en abierto rechazo de Dios y sus mandamientos, que sí es causa inequívoca de la muerte espiritual y de la pérdida del Paraíso.
No puede negarse la autenticidad del sufrimiento, dolor, sensación de pérdida, ansiedad y soledad que deja la desaparición de un ser querido, el sin sentido que nos queda y los ¿por qué? que nos asolan, como presentes tristes que florecen con el perfume de las flores traídas y pasados remotos que ansían retraer lo escondido. Pero hay que anunciar la vida, vida auténticamente cierta que inició con la rotura de un útero y una carrera de longitud infinita que culmina en los brazos del Padre, después de pasar por los brazos de la cruz del amor; vida que nos reabre a la Vida y hace plena y feliz la visión de la ciudad eterna, como es cierto que se disfruta más de una ventana en la ciudad que en el campo, aunque el perfume rural es la esencia floral más exquisita y que a un tiro de piedra es posible vivir las experiencias más bellas.
Podemos caminar sobre estas realidades en sandalias y de rodillas, amando la Vida y la ley de Dios, cumpliendo la de los hombres, preservando la creación, conservando su diversidad y respetando las diferencias, en que está inscrita la sabiduría infinita del Creador.