Reflexión

… Cristo ¿Resucita en Honduras?

… Cristo ¿Resucita en Honduras?
Juan Ángel López Padilla, Sacerdote
Qué es realmente la Resurrección? Es el centro de nuestra fe, la última palabra de Dios a favor de la humanidad, el triunfo del Señor sobre la muerte, y sobre todo, lo que conduce a ella.

La Pascua del Señor es una palabra de esperanza fundada en el inmenso amor que ha mostrado por nosotros que ni siquiera merecíamos, ni mereceremos nunca, tanto amor.
Si partimos de eso nos daremos cuenta que Cristo no solamente puede resucitar en Honduras, sino que debe hacerlo. Necesitamos la esperanza de la Resurrección pero, sobre todo, necesitamos que la fuerza del amor venza la muerte y todo aquello que lleva a ella.
Son demasiadas las fuerzas centrífugas en nuestro terruño y eso nos está matando. Necesitamos de la fuerza que lo une todo y no de las que dividen todo. La única fuerza capaz de darle sentido y orden a nuestro mundo es la fuerza que ha resucitado a Jesús. No hay salvación, no hay vida posible sin Dios. Todo tiene sentido si dejamos los “sinsentidos” de los expertos en robarnos la esperanza.
Necesitamos resucitar. Resucitar la justicia en la verdad. Resucitar el respeto a la ley y no los eternos juegos de manipuleo a la que la tienen sometida los que se han dedicado desde siempre a manosearla, aunque hayan jurado defenderla y hacerla cumplir.
Necesitamos resucitar. Resucitar el futuro de nuestros niños y jóvenes, el futuro de nuestras familias. No puede haber vida ni esperanza mientras no les devolvamos la sonrisa a personas que se sientan dignas de serlo. No hay resurrección cuando a cuentagotas se le dan paliativos y no correctivos definitivos a tanto sufrimiento provocado por la desigualdad, por la inmensa brecha que hay entre unos pocos que lo tienen todo, y un número, demasiado excesivo, de personas que no tiene prácticamente nada. ¿Cuándo llegarán a darse cuenta estos, ricos y poderosos, que han amasado riquezas a costa del sufrimiento, cuando no de la sangre, de sus hermanos, que todo tiene su final, que ellos, no son eternos?
Necesitamos resucitar. Resucitar para que el maldito veneno de la droga, del sicariato, de la trata de personas, desaparezca. No podemos quedarnos indiferentes cuando vemos, generaciones de jóvenes sometidas al poder del crimen organizado.
Necesitamos resucitar. Resucitar para que el respeto a la dignidad de todas las mujeres, de cada mujer, se preserve. El nivel de violencia contra ellas es, no sólo incivilizado sino inhumano. Hay que preservar la dignidad de nuestras madres, hermanas y amigas. Eso es resucitar también. Necesitamos resucitar. Resucitar en los medios de comunicación para que no se vendan, para que no sirvan a los de billetera ancha, sino que comuniquen la verdad.
Necesitamos resucitar. Resucitar a la responsabilidad de cada bautizado para que seamos testigos de verdad y no por conveniencia. Necesitamos que resuciten nuestros grupos y pastorales. La Resurrección fue contada por testigos y hoy, más que nunca, los necesitamos.