Homilia

Jueves Santo en la Cena del Señor

Jueves Santo en la Cena del Señor
Las lecturas del día de hoy giran en torno a la celebración de la Cena Pascual que realizaban los judíos, la misma que también celebró Jesús, a la cual le dio un nuevo sentido, tal como lo narra San Juan en su evangelio y nos lo recuerda San Pablo.

Por medio de la celebración de la Cena Pascual, el pueblo de Israel conmemoraba el acontecimiento fundante de su identidad como pueblo: la liberación de la esclavitud en Egipto, signo del amor de predilección de Dios. Jesucristo también celebraba la Pascua y dará a esta fiesta un nuevo significado. En la Eucaristía la antigua celebración de la Pascua queda integrada y superada en la nueva Alianza en la sangre de Jesús. Para los cristianos, la Pascua judía es la gran figura de la realidad que había de venir. El misterio de la Eucaristía se comprende a la luz de aquellas figuras que la anuncian en tiempos de la antigua Alianza.
Como hemos escuchado en la narración del libro del Éxodo, la Pascua es el paso liberador del Señor que trajo la libertad para los israelitas nuestros padres al arrancarlos de la esclavitud del Faraón. La salida de Egipto les condujo al desierto y al paso del Mar Rojo, que les abriría definitivamente el camino a la tierra prometida. El pueblo de la antigua Alianza celebraba con el ritual de la Pascua, el acontecimiento histórico de su liberación. En el nuevo ritual de la Pascua la fe cristiana celebra el memorial de la liberación del pecado y de la muerte gracias a la pasión y muerte redentora de Jesús y de su gloriosa Resurrección.
Con el salmo 115 damos gracias a Dios por los beneficios que recibimos de su generosidad.
De acuerdo con la tradición que San Pablo recibió, Jesucristo, durante su Última Cena, realizó el máximo acto de amor por la humanidad, al instituir la Eucaristía. Esto nos ayuda a comprender lo sagrado de nuestra Eucaristía. Es el más antiguo de los relatos eucarísticos del Nuevo Testamento.
San Pablo nos ha transmitido la más antigua versión de la institución eucarística en la Carta primera a los Corintios, narración de una tradición que le precede y que él ha recibido del Señor, y como tal, la transmite a los cristianos de sus comunidades. En ella, Cristo nos ha dejado el sacramento de su presencia y el sacrificio de la nueva y eterna Alianza en su sangre para la remisión de los pecados. La Eucaristía es así presencia de Cristo redentor resucitado y hace actual su sacrifico de salvación para cada generación. Los cristianos vivimos de la Eucaristía, pan que nos da la vida divina y viático para llegar al Padre y alcanzar la resurrección futura.
También Jesús celebró, como los otros judíos, la comida del cordero en la noche de Pascua. Pero él le dio un nuevo sentido a aquella celebración. Quiso dar a sus discípulos una muestra del amor inmenso que les tenía y de servicio, al lavarles los pies. Abramos el corazón al mensaje del Evangelio de San Juan: amar hasta el extremo.
Esta parte del Evangelio que acabamos de escuchar dice que Jesús nos amó y lo hizo hasta el fin, es decir, todo porque su amor no tiene fin. Y en medio de esa afirmación, San Juan relata lo que hizo Jesús: se levanta de la mesa, se saca el manto, se ciñe una tolla y empieza a lavarle los pies a los discípulos. Esto era muy común en las comidas de esa época entre los judíos, pero era un trabajo que hacían los esclavos; era un trabajo despreciable, por eso una persona que era ciudadana nunca lo hacía sino quien lo hacía era el esclavo. Y Jesús se abajó. Tomó forma de esclavo. Y lavó los pies.
Y les dice, como a Pedro, “me seguís en todo o no tenés parte en esto” y después les explica: “Ustedes me dicen que soy el Maestro, el Señor, que soy el que manda. Yo les lavo los pies a Ustedes y eso mismo tienen que hacer Ustedes”. Servir… lavar los pies como gesto de Servicio. El amor es Servicio, y todas las capacidades que tenemos cada uno de nosotros tienen que estar para servir, y si yo tengo autoridad es para servir. Cada uno tiene que decir: “si yo tengo autoridad es para servir”.
El que pueda, el que tenga autoridad, úsela para servir: todo lo demás no vale. Jesús, que es Dios y Hombre, está siempre con las manos abiertas, dando y dándose a los demás. Por eso nos pide que no seamos egoístas porque el egoísta tiene las manos cerradas, siempre agarrando para él.
Eso es lo que Jesús nos enseña y por eso en nombre de la Iglesia y en su nombre vamos a repetir el mismo gesto: lavarles los pies a Ustedes, como un gesto de Servicio de todos. Un gesto que es un deseo de lo que la Iglesia quiere hacer siempre: Servir. Aunque a veces no lo logre del todo, lo quiere hacer. Un gesto que tiene que hacer toda persona con poder, autoridad, y posibilidades… y si Dios nos dio todo eso es para servir.
Así que todos juntos ahora vamos a seguir este gesto, pero acordémonos del significado: “Ustedes me dicen que soy el Maestro sin embargo estoy para servir”. Entonces cada uno de nosotros piense como podemos servir mejor a los que nos rodean, a sus hijos, a su familia…
Y que la Virgen María, que estaba tan cerca de Jesús y del Padre, nos enseñe a poner todo lo nuestro al Servicio de los demás. Amén.