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La realidad paciente

La realidad paciente
José Nelson Durón V., Columnista
El Misterio de la Encarnación de Dios sobrepasa cualquier entendimiento humano y contemplarlo es tarea principal de todo cristiano, como dice san Pablo a Timoteo: “Entiende lo que quiero decirte, pues el Señor te dará la inteligencia de todo” (2Tim 2,7-8).

San Lucas escribe el Tercer Evangelio iluminado por san Pablo, que lo considera su Evangelio (Rom 2,16) y lo hace de manera distinta a san Marcos y san Mateo, aproximándose en sus matices claros, su luz, colorido, aire y clima, a san Juan, tomando el hecho de Cristo y explicándolo a los hombres de todos los tiempos con la teología desprendida de san Pablo. La riqueza del Evangelio es la luz que se desprende de su auténtico autor: el Señor Jesús, que con sus palabras, acciones y milagros vino a revelarnos al santísimo Padre, creador de toda realidad posible.
Este año coincidieron tres fiestas: la Encarnación de nuestro Señor Jesús, su entrada en Jerusalén y el inicio de Su santísima Pasión, que, vistas desde la unidad del misterio divino, ciertamente que abren las almas a la realidad que debemos transitar, con la paciencia de quien comprendió que hacer la voluntad del Padre es aceptar Su santísima voluntad, porque dice el Señor Jesús que ni un cabello cae si no lo permite Su Padre. Nueve meses después nace, para alegría y gozo del mundo, como enmarcando ese Misterio en las almas abiertas a tan maravillosa buena noticia. Ser paciente es tener paz para vivir, para hacer nuestras tareas y para tener esperanza. “«Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo viviréis atribulados; pero tened buen ánimo: yo he vencido al mundo.»” (Jn 16,33). Que el policía o militar no se enrede en negocios, el atleta compita según el reglamento y reciba primero el labrador los frutos, dice Timoteo 2,4-6; como buenos soldados de Cristo, cada uno haciendo lo que le corresponda. Que Su entrada se realice hoy en cada corazón cristiano abierto a Su palabra y a Su amor, dolorosamente demostrado desde el árbol de la cruz. Así sea.