Reflexión

… Y van cinco

… Y van cinco
Juan Ángel López Padilla
Sacerdote
El martes pasado Su Santidad Francisco cumplió 5 años de haber sido elegido como Romano Pontífice.

Aunque por profesionalismo de historiador no me compete hacer un balance riguroso de estos años, porque se necesita la perspectiva de algunas décadas para ser, o al menos pretender, ser objetivo, me aventuro a contar algo de lo que yo viví esos días.
Unos días antes que iniciase el Cónclave en el que fue electo Jorge Mario Bergoglio, estaba almorzando con el Cardenal Rodríguez, en la Casa de los queridos Padres Eudistas en Roma, que me ha servido como residencia en el tiempo de mis investigaciones para mi Disertación y, lógicamente, por muy correctos que pretendíamos ser, siempre se desembocaba en la pregunta sobre las reales posibilidades de los cardenales “papables”. En el 2007, bromeando claro, le había preguntado al cardenal si era cierto que el que quedó segundo, a la hora de la “votada” en el Cónclave que eligió a Benedicto XVI había sido Bergoglio. Supongo que saben bien que la respuesta del cardenal, que de chismoso e intrigante no tiene nada, fue una sonrisa y un cambio de tema.
En aquel almuerzo yo me acordé de aquello y sabía que si volvía a preguntar me iba a ganar mi buena. Así que cambié la estrategia. Al hablar de los temas que se estaban dando entre los cardenales en las sesiones pre-cónclave, y de las que nos enterábamos por medio de los resúmenes que salían de la Sala de Prensa Vaticana, además de lo que escuchábamos entre los otros medios que cubrían el evento, en más de alguna ocasión habían surgido temas de reforma, de conversión pastoral, por llamarle en el lenguaje de Aparecida. Así que me atreví a aventurarme por ese lado. En dos ocasiones el cardenal me recordó que quién había sido redactor principal del Documento de Aparecida había sido el Arzobispo de Buenos Aires y siempre que se refería a él, había algo en sus palabras que me indicaba, no sólo la admiración por el actual Papa, sino la amistad que les unía.
En otro de estos aniversarios les he contado que, de las cosas que recuerdo del Consistorio en que, tanto Rodríguez como Bergoglio fueron creados cardenales, está el hecho que nuestro cardenal, me había pedido que lo acompañase a saludar después de la entrega del birrete cardenalicio, a dos cardenales. Uno de ellos era Bergoglio.
El asunto está en que cuando me despedí del cardenal antes de que entrara en el Cónclave sólo me imaginé, fuera de que estaba preocupado porque el cardenal renqueaba de lo que más tarde nos enteramos era una fractura, que algo grande se venía.
Aquella noche del 13 de marzo de 2013, cuando miré a aquel asustado hombre inclinando el rostro frente a todos los que estábamos en la plaza comprendí la grandeza de su corazón. Hoy, 5 años después, ya no me parece grande el Papa Francisco. Sencillamente me parece “magno”.