Editorial

Justicia: fundamento de la paz

Editorial Domingo 18 de Marzo de 2018

Justicia: fundamento de la paz
Las acciones cívicas de todo ciudadano deben encaminarse a promover la dignidad y la vocación integral de toda persona, que conviva con él en sociedad. Buscando siempre elevar las condiciones de su existencia, y simultáneamente, promoviendo el encuentro de los pueblos y las naciones, según la voluntad de Dios, quien es la fuente de la paz.La antropología cristiana reconoce, ante todo, la inalienable dignidad de la persona humana, la cual ha surgido del designio creador de Dios. Cada ser humano debe buscar vivir en unidad, cuyo prototipo es la relación originaria entre el hombre y la mujer, la cual es expresión natural y elocuente de la comunión entre personas humanas. El Concilio Vaticano II expresó: “quienes sienten u obran de modo distinto al nuestro en materia social, política e incluso religiosa, deben ser también objeto de nuestro respeto y amor. Cuanto más humana y caritativa sea la comprensión íntima de su manera de sentir, mayor será la facilidad para establecer con ellos el diálogo (Gaudium et Spes). Es preciso tener en mente que el hombre tiene la capacidad de trascenderse a sí mismo, para vivir la experiencia de la auto donación y colaborar en formar una comunidad humana, orientada a su destino último de vivir cimentados en la justicia y la paz.
La persona humana no puede y no debe permitir ser instrumentalizada por las estructuras sociales, económicas y políticas, porque debe estar convencida que tiene la libertad de orientarse hacia su fin último es la comunión con Dios y con su prójimo.
Cualquier visión totalitaria de la sociedad y del Estado, así como cualquier ideología intramundana de progreso resultan mentirosas, frente a la verdad integral de la propia naturaleza de la persona y al designio de Dios sobre la historia. Por ello es muy importante que el progreso temporal de la sociedad, debe garantizar que todos sus miembros puedan llegar a poseer los medios, que les permitan, comprometerse al servicio del prójimo y al logro del bien común.
La paz es un derecho que corresponde a toda persona; que resume todos los derechos humanos, inclusive el derecho a la vida misma. Es el resultado de que la persona esté bien orientada hacia el fin de su propia naturaleza, y es además, un derecho fundamental e inalienable, por medio del cual puede llegar a perfeccionarse como ser humano, noble, solidario y útil a la sociedad.
Por ello, los hondureños, con una sociedad injusta, pobre y excluyente necesitan que se garantice la paz, mediante la solución de las diversas situaciones de crisis y carencias, que aflijen a la mayoría de la población. Existe mucha esperanza en que los diferentes líderes políticos y de la sociedad civil hondureños, puedan dialogar, de forma amplia, para superar aquellas condiciones de vida negativas que condenan a situaciones de hambre, enfermedad, violencia, ignorancia y expulsión del terruño, en búsqueda de horizontes más promisorios. Pero debe tratarse de un diálogo fundamentado en la verdad, con respeto y con el ánimo de alcanzar consensos. Con el deseo de encontrar soluciones factibles a los problemas estructurales de la economía, de la salud, de la educación, de la vivienda, de lo que falta alcanzar en el campo de la seguridad personal y comunitaria
Para ello, el diálogo debe fundamentarse en la justicia, que significa saber disculparse y perdonar, en caso de que existan murallas de resentimiento y odio entre los dialogantes; que se construya la confianza de manera que los acuerdos a que se llegue sean acogidos y que se cumplan de acuerdo a la palabra empeñada.
Esperamos que los resultados del diálogo marquen el camino a recorrer para que se logren los deseos del pueblo hondureño, cuyo anhelo más profundo es vivir en paz.Así lo expresó el Señor Jesús: “Felices los que tienen hambre y sed de justicia…..ellos serán saciados”