Buenas Nuevas

“Grano de Trigo”

“Grano de Trigo”
Tony Salinas Avery
Sacerdote
En el itinerario cuaresmal la meta se sitúa junto a la espera de la nueva vida que florecerá de la tumba vacía la mañana de resurrección, y mientras llegamos allá, debemos hacer la experiencia de hacer morir con Cristo todo aquello que en nuestra realidad se opone a la verdadera vida.

De hecho, hay que nacer de nuevo al final de este caminar. En nuestro corazón y a nuestro alrededor hay un cierto olor a podrido. Nos hemos ingeniado para pintar bien las tumbas y hacerlas pasar por casas habitadas por vivos, olvidando que en efecto, junto a nosotros pasa el que tiene la vida. La va derramando para que nos llegue a todos. Para ello, hoy de nuevo Jesús trata casi en su santa Palabra, de desatar uno de los contrastes más trágicos de la existencia, aquel entre muerte y vida. “El grano de trigo cae en tierra y muere”.
La semilla cae en la profunda oscuridad de la tierra: los comentadores de los primeros siglos cristianos veían aquí una alusión simbólica a la encarnación del Hijo de Dios en el horizonte tenebroso de la historia. En el terreno parece que la energía de la semilla está condenada a apagarse; en efecto, la semilla se marchita y muere. Sin embargo, he aquí la eterna sorpresa de la naturaleza: cuando a su debido tiempo maduran las mieses, se revela el secreto fecundo de esa muerte. Ciertamente, si la semilla no cae en tierra y muere, queda estéril y solitaria; solamente a través del sufrimiento y de la muerte nace el fruto.
Así, de esta imagen tomada del ciclo natural de la vida agrícola, Jesús que ve ya cercana la hora de su muerte, no la presenta como un monstruo devorador. Reconoce su realidad de tiniebla y laceración de la vida, pero a la vez, su contenido de fuerza secreta como el de un parto, que encierra en sí un misterio de fecundidad y de resurrección.
Llegados ya casi a las puertas de la Semana Santa, la invitación de este domingo manifiesta la necesidad de morir para vivir.