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Diálogo y respeto

Diálogo y respeto
José Nelson Durón V.
Columnista
Ser honesto ahora es eutanasia o suicidio. Y esto es así porque la ética ya no acompaña al diálogo; la buena voluntad, desgraciadamente, fue arrollada por el interés, que ha apretado sus garras alrededor de su frágil cuello y tercamente se empeña en sacar chispas del pan blanco del bien común.

Algunos somos como los chiquirines que, sordos a lo que pasa, a puros chillidos queremos que llueva. Y que llueva para nosotros. Como el insaciable, el voraz, que egoístamente desdeña la dimensión espiritual de las personas y las cataloga únicamente desde la óptica utilitaria, como si fueran escaños para poner los pies. Por ello el fracaso de la política, que lejos de ser un diálogo incluyente es solamente un estribo que sirve temporalmente para simular, para no desaparecer y para disimular incapacidades no utilizadas en el momento de la oportunidad. Cuántos que no hicieron ayer hoy quieren más. Cuántos también, sabrá Dios, gritan para ocultar en el barullo culpas escondidas.
El hombre no solamente es corporeidad, materialidad, temporalidad. Es, nos enseña la Iglesia, espíritu y cuerpo, que dan forma a un ser único e irrepetible, en cuyo interior sembró el Señor la semilla irreductible de la Verdad, imagen de Sí mismo con que quiso sellarnos. Reducir esa realidad en nosotros es destruir aquella unidad que Dios construyó y reducirla en el prójimo es asesinarlo, es desdeñar y despreciar la santa voluntad de Dios. Nos dice el Señor Jesús: “El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre.” Tengamos cuidado, hermanos, ni juntos todos los poderes, tesoros, lujos, veleidades y vanidades que pueden ganarse en este mundo llegan a valer un segundo en la Casa del Padre. Su sola contemplación por un instante compensará el ser humilde y dejar que las cosas sean lo que tienen que ser, aunque creamos que no nos conviene.