Buenas Nuevas

“El mundo se salve por Él”

“El mundo se salve por Él”
Tony Salinas Avery, Sacerdote
Hoy en este domingo nos encontramos con el gran lenguaje de Juan que nos lleva a la contemplación del misterio de la cruz en su desnudez, para que el penitente en este tiempo pueda tomar decisiones.

Alrededor de este centro espiritual de su mensaje se reúnen siete palabras con su gran carga teológica: la primera es el verbo “creer” repetido cinco veces. Aquí no expresa no sólo la aceptación de una verdad, sino más bien la adhesión a una persona, que es el Señor Jesús. En la Biblia no se cree en algo, sino en alguien. Le sigue el verbo “amar” que referido al Padre, por única vez en toda la obra, se refiere al amor por todo el mundo. Luego aparece el verbo “odiar”: “El que hace el mal, odia la luz”, señalando el drama del rechazo al Hijo de Dios. El cuarto verbo es “condenar” por no haber creído y le sigue como quinto verbo antitético a éste: “salvar”, que es la misión para la que el Padre ha enviado a su Hijo. Terminando este conjunto de acciones verbales, las frases: “venir a la luz” y “obrar la verdad”, que sintetizan todo el mensaje de este domingo.
Caminando hacia la pascua, nos detenemos en este cuarto domingo de la cuaresma para experimentar la alegría de hacer vida en nosotros estos verbos, como frutos de un itinerario penitencial enriquecido de ayuno, oración y limosna. En verdad, hay razón para estar alegres, porque la acción de Dios en nosotros y nuestros propósitos nos van haciendo germinar en esa vida de comunión con ese Dios que nos salva, y que para san Juan, hoy está cifrada como una vida nueva en el amor de este Hijo, santísimo que lleno hasta el borde de amor divino, subió a la cruz, y levantado en ella, nos atrae continuamente hacia Él.
Es preciso enfatizar, para permanecer en la alegría del Dios de amor; en la cuaresma se requiere “creer” no en algo, sino en alguien. Seguidamente debemos “amar” en referencia al amor por todo el mundo. Hay que reparar en el “odiar”, aborrecer el mal que nos aparta del Hijo de Dios. Evitemos el “condenar” por incrédulos, sino vivir en el “salvar”, que es la misión que el Padre encomendó al enviar a su Hijo al encuentro de la humanidad.