Reflexión

Al crecer la maldad…

Al crecer la maldad…
Juan Ángel López Padilla, Sacerdote
Espero que sepan lo que sigue de este enunciado, porque es el texto del evangelio de Mateo que usó el Santo Padre para centrar su mensaje para la Cuaresma de este año.

El contexto de este pasaje del capítulo 24 de Mateo es más que desconcertante, porque es el anuncio del fin del mundo, de las persecuciones que sufrirá la Iglesia, al acercarse el final.
Este texto, a todas luces, es una invitación a la perseverancia, a saber mantener la fe hasta el final.
Es complicado perseverar en un ambiente como el nuestro. Sin embargo, no cabe duda que si hay un momento para perseverar es este, es nuestro mundo, con todos los ataques y con todos nuestros problemas internos. La maldad va creciendo no sólo porque tiene mejor publicidad, sino porque hemos dejado que nos gane tantas batallas, porque no hemos actuado a tiempo, porque no hemos sabido poner orden en nuestras vidas personales y comunitarias.
Si la Cuaresma es tiempo de conversión, no cabe duda que la maldad de la que somos responsables, por complicidad, pero sobre todo por omisión, nos obliga a hacerlo. Hay que detener esa maldad creciente. Pero debemos comenzar por nosotros mismos. Uno de los grandes problemas que descubrimos es esa falta de seriedad en el crecimiento personal. Nos vamos acostumbrando a vivir realidades contrarias al evangelio y como si nada, pensamos que aquello de que “en el camino se arreglan los bultos” se aplica fácilmente a nuestra vida espiritual. Eso es un engaño de proporciones mayores. No hay tiempo que perder.
Mi experiencia como sacerdote me hace comprender que todo lo que vamos posponiendo tarde o temprano nos pasa factura. La maldad crece porque nuestros corazones se han enfríado. Nos hemos acostumbrado a permitir que la esperanza sea sólo una palabra que usamos cuando las cosas ya no tienen mucho futuro. El Papa hablaba de que la “Pascua nos sale al encuentro”, lo cual particularmente me dejó muy pensativo. Nos sale al encuentro, cuando yo estaba pensando tanto que caminamos hacia ella. Más allá del contenido obvio que tiene esta expresión al considerar que Cristo mismo nos sale al encuentro, deberíamos considerar que de la misma forma la Pascua es todo el misterio que celebraremos en un par de semanas. No hay Resurrección sin Cruz, tanto como decir que no hay conversión sin arrepentimiento.
Nuestro arrepentimiento es algo por lo que Dios nos está saliendo al paso, una vez más.
La prueba de que podemos, con el auxilio de Dios, vencer a este mal que crece, es decirle al mundo con hechos, que nuestro amor no se enfriará porque como lo dice el evangelio de Mateo no estamos dispuestos a seguir falsos profetas, profetas de desventuras que anuncian desastres porque ellos lo son.
Como toda Cuaresma, hoy, se nos pide volver al sentido de la alegría: Dios nos sale al encuentro para que volvamos a sus brazos.