Caminar

La solidez de nuestros pasos

La solidez de nuestros pasos
José Nelson Durón V.
Columnista
Los ingenieros investigamos el suelo antes siquiera que diseñemos la estructura de la futura obra, que debe estar bien cimentada.

De la misma manera y antes de dar un paso, lo más conveniente es cerciorarse de la solidez del sitio en que posaremos nuestros pies. Cuando falsean los pies, falsea nuestra humanidad entera y nos asalta la angustia, aunque sea momentánea; podríamos concluir que cada nuevo paso debería contar con el peso de la experiencia y el balance aprendido con ella. Aunque la vida parezca contingente a nuestros ojos y a nuestro entender, los apoyos que aprovechamos y las certezas con que garantizamos nuestros pasos antes de dar el otro, deben tener como fuente y fundamento la historia que nos precede; fracasos, resbalones y caídas incluidas. Anda bien y seguro quien conoce su camino y se conoce a sí mismo; quien conoce la solidez de su suelo y camina prudentemente, respetando aun lo que no conoce.
Más sólidamente camina el que tiene su confianza puesta en algo superior: sus principios, su moral, sus valores fundamentados en la enseñanza familiar y, por sobre todas las cosas, en el Padre eterno que sale a nuestro encuentro, para recordarnos que vivir con fe y esperanza debe ser más que un salto al vacío: un despegar confiado en que nunca estamos solos. El ave cautiva no podrá entonar cantos de libertad si no puede destruir su jaula para alzar el vuelo, a menos que eche mano del instinto paternal que le inspiró para siempre a ser libre. Haciendo un símil: cuando ocurre el terremoto no vibramos solos, es toda la tierra que resbala sobre sus ardorosas heridas y desestabiliza toda la masa; así como Adán y Eva pecaron por engreimiento, cuando el diablo astutamente estimuló su vanidad. Hoy el Señor comienza a darnos normas para caminar sobre la roca de nuestra fe y la seguridad de nuestros principios: el Decálogo; de tal manera que podamos responder la pregunta que a Él le hacen: ¿Con qué autoridad haces esto? Y nosotros, ¿con qué seguridad hablamos y caminamos?