Homilia

“Haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo…” Jn. 2,13-25

Homilía del Domingo 4 de Marzo de 2018

“Haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo…” (Jn. 2,13-25)
E ste gesto de Jesús en el templo de Jerusalén es una verdadera provocación. Jesús, desbarata todo el montaje religioso de su época y toda la manipulación de Dios. Es un gesto profundamente liberador. Jesús no tolera que se profane el templo, ni que se manipule a Dios.

El Templo era una institución incontestable para todos los judíos. Atacar el templo era atacar el corazón del pueblo judío: el centro de su vida religiosa, social y económica y Jesus “haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes” … No se dice que les pegara o azotara, sino que les expulsó, “y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas.” No les dijo que emplearan bien el dinero… Echó las monedas al suelo, para decir que la vida no se hace de monedas, sino en el encuentro con las personas.
Y Jesús les dice: “No conviertan en un mercado la casa de mi Padre”. Jesús se enfrenta también al sistema bancario, a los cambistas que ofrecían a los peregrinos que llegaban a Jerusalén la oportunidad de cambiar las monedas para poder pagar el tributo en moneda legítima, una moneda que el Templo mismo acuñaba, (ya que el Templo no admitía monedas que llevasen la efigie de reyes paganos). Jesús denuncia también el abuso del tributo del templo que era otro medio de explotación del pueblo; en definitiva, era el afán del dinero lo que dominaba el templo y lo que domina nuestro mundo hoy.
¿No es esta “sed de dinero” lo que anida en la raíz de tantas injusticias en nuestro mundo? Hoy estamos sumergidos en una cultura del dinero. En lugar de emplearlo para ayudar a las personas a crecer y a vivir, el dinero se ha convertido en un fin en sí mismo; en un ídolo. La amenaza del mundo actual, con su economía globalizada no es tan solo el capitalismo desenfrenado sino la imparable comercialización. Nuestro mundo se ha convertido en un gran mercado, en que todo se compra y se vende. Todos nosotros podemos ser “vendedores” y “cambistas”, incapaces de amar de verdad, porque hasta las relaciones humanas se han mercantilizado.
Esta actuación de Jesús en el templo de Jerusalén nos lleva a preguntarnos a los que queremos seguirle: ¿Son nuestras Iglesias lugares donde nos encontramos con el Padre de todos los seres humanos o son lugares donde tratamos de poner a Dios al servicio de nuestros intereses? ¿Nuestras Eucaristías dominicales son una escucha sincera de la Palabra de Dios que nos cuestiona y una celebración de nuestra fraternidad humana?
El Jesús que se nos revela en el Evangelio de este domingo no es un Jesús violento, sino serenamente fuerte para devolver al ser humano su libertad y su dignidad: Jesús, el Señor, viene a liberarnos de toda opresión, también de la opresión que se hace en nombre de Dios y a ofrecernos un camino de verdadera libertad y de vida plena. Jesús abre un camino de profunda liberación para toda la familia humana.
“¿Qué signos muestras para obrar así? Jesús contestó: “destruyan este Templo y en tres días lo levantaré”. Esta es la reacción de las autoridades del templo ante Jesús. Es pedirle cuentas de su gesto. ¿Qué significa este gesto de Jesús?: Significa que con Jesús el templo ha caducado, Jesús es el verdadero Templo de Dios, en el que el Amor del Padre, se hace presente para todo el mundo. “Pero él hablaba del templo de su cuerpo”.
Jesús viene a decirnos: El verdadero templo de Dios soy yo. La presencia de Dios entre los hombres soy yo. Sé que me van a destruir, que romperan mi cuerpo, pero yo lo reconstruiré en tres días.
Jesús, solidario con todo ser humano nos convierte a todos en templos vivos de Dios, lugares de su Presencia; todo ser humano es templo del Dios vivo. Para Jesús el ser humano es templo de Dios. San Pablo se lo recuerda a la comunidad de Corinto: “¿No saben que son templos de Dios y que el Espíritu habita en Ustedes?” (1 Cor 3,16). El verdadero lugar del encuentro con Dios no será un edificio, un templo, el lugar del encuentro del hombre con Dios será el mismo hombre. Por eso el Papa Francisco nos invita a una cultura del encuentro.
Hoy sabemos que Dios sigue siendo profanado en sus templos vivos. Hay templos de Dios profanados por las leyes injustas, por el terrorismo y las guerras, por actos de opresión y por la crueldad. ¡Cuántas profanaciones de los templos de Dios en los países empobrecidos! ¡Cuántas profanaciones de los templos de Dios en tantos marginados y excluidos de nuestra sociedad ¡Actualmente ¡cuántas profanaciones en esos cristianos asesinados cruelmente por islamistas enloquecidos! ¡Cuántos atropellos de la dignidad humana! Todo ser humano es un templo vivo de Dios. También podemos nosotros profanar los cuerpos de los otros mirándolos sólo como “objetos de deseos” y “objetos de consumo”, de usar y tirar.
Con este gesto audaz y provocativo en el templo de Jerusalén, Jesús aparece como un innovador radical de toda religión. Jesús no ha venido a crear una nueva religión, sino a abrir un camino de amor y de comunión para todo ser humano. Jesús proclama que Él es el nuevo Templo de Dios y que la Gloria de Dios habita en nosotros.
Este domingo podemos decirle: Señor Jesús, hoy te contemplamos lleno de pasión, expulsando a los mercaderes del Templo, concédenos descubrir que Tú eres el único Templo y que todos los seres humanos son lugares de tu Presencia.