Caminar

El anhelo secreto del cielo

El anhelo secreto del cielo
José Nelson Durón V.
Columnista
En cada alma se agazapa un dolor que desde su naturaleza clama reconocimiento y se manifiesta en las más diversas formas, afectándose a sí misma, pero amenazando también el caminar de otros.

En efecto, aquellas palabras del Señor: “Miren que los envío como ovejas entre lobos” (Mt 10,16), tienen vigencia siempre, porque nos llamamos cristianos y somos todo lo contrario: acosamos, levantamos falsos, insultamos y condenamos por internet y otros medios, repitiendo falsedades con el pretexto de que alguien más lo escribió; ¡cristianos! Un programa televisivo afirmaba hace poco que latino américa es protestante y que pronto lo será totalmente, enfatizando el testimonio dudoso que damos, pese a la fortaleza que deberían darnos los signos que el Señor revela a través de la Iglesia y los Sacramentos por ella administrados. El caminar de la Iglesia jamás ha estado estimulada por triunfos temporales, pues ella es dirigida y acompañada por la inefable providencia de Dios y a ella se atiene.
El signo de la ceniza debería ser una declaración, una confesión enfática del alma humilde, que se sabe limitada, pequeña y débil, e implora la dulce misericordia y la paternidad de Dios. ¡Cuánto te necesitamos, Señor! ¡Cuánto imploramos que irrumpas en nuestras vidas y fortalezcas el grito angustiado por la supervivencia y la salvación! Que escuches el balido acongojado de tus ovejas desvalidas que lloran sus heridas y su cansancio, en un caminar que ya no le pertenece. Otros lobos, Señor, aúllan desde lejos y acosan el redil, el mal nos rodea y caemos en el vicio fácil de la mentira y del juicio apresurado. Concédenos, Señor, que la ceniza que recibimos el miércoles sea adhesión y esperanza cierta al anhelo secreto del cielo que debe anidar en cada alma; que sea este labrado a fuego de amor por el santísimo Padre, con el santísimo Hijo y en el santísimo Espíritu Divino, para que lleguemos a ser todos nosotros miembros amados da la familia de Divina. Amén.