Reflexión

Conversión social

Conversión social
Juan Ángel López Padilla
Sacerdote

Comenzamos este tiempo de la Cuaresma después de haber escuchado, el día después del miércoles de ceniza, que el Señor pone delante de nosotros “la vida y el bien, la muerte y el mal” (Dt. 30, 15).

No se trata, evidentemente, que el Señor nos orilla al mal o que quiere el mal para nosotros, pero no podemos negar que existe una posibilidad muy grande como tantas veces se ha visto, tanto a nivel personal como social, que sabiendo muy bien los riesgos de nuestras opciones, nos decidimos a optar por el mal, por lo que conduce a la muerte. Todo motivado por esa ilusión, ese espejismo que tan bien nos vende el enemigo, de creer que teniendo poder, teniendo bienes en abundancia, seremos felices.
La Cuaresma es tiempo para volver a Dios, a sus proyectos. Por eso, es tiempo de conversión y de reconciliación. En nuestra patria, necesitamos ambas cosas: conversión y reconciliación.
Conversión es cambio de vida, no es un maquillaje, a un repello, sino que es una decisión firme y convencida por hacer siempre, sólo aquello que es digno de la Gloria de Dios, no de los aplausos de los hombres.
Conversión es aspirar a pasar a un estado de perfección, sin duda superior a lo que hasta ahora vivimos y dicho cambio es imposible alcanzarlo sólos. Aunque está claro que la opción por el bien, por la vida nace de una decisión personal, es mucho más evidente que estas decisiones tienen repercusiones comunitarias, repercusiones que afectan a otros.
El problema es que no habrá reconciliación legítima sin conversión sincera. En nuestro ambiente hay demasiados camaleones capaces de camuflarse según la conveniencia, según las circunstancias. Mientras no haya un cambio sincero y permanente, la reconciliación seguirá siendo una quimera.
Si en un proceso de dialogo, los interlocutores no están dispuestos a convertirse, dispuestos a pensar en los bienes superiores de la paz y la justicia, así como en la dignidad de todos y cada uno, la reconciliación no tendrá lugar, porque se seguirá cayendo en un conformismo que lo único que dejará es un descontento latente que explotará, tarde o temprano, en más odio, más desprecio y muchas más injusticias.
Esta cuaresma, es la única que tenemos en nuestras manos, porque la próxima no sabemos si estaremos en este mundo, así que este es el tiempo propicio, es este nuestro momento, es este nuestro presente. Es hoy que debemos cambiar, es hoy que debemos ayudarle a otros a hacerlo.
Como cristianos católicos es deber nuestro aspirar a la conversión de los que dirigen los grupos enfrentados en nuestra patria, pero antes que exigir que otros cambien, debemos revisar lo que nosotros estamos dispuestos a transformar, por la gracia de Dios, para hacer aquello que nos lleve a la Pascua en la que no habrá más llanto ni dolor.