Papa Francisco en Peru 2018

El Papa en Perú a niños en albergue: Son nuestro tesoro más preciado

El Papa en Perú a niños en albergue: Son nuestro tesoro más preciado

(ACI).- El Papa Francisco visitó a unos 270 niños y adolescentes huérfanos, abandonados o que sufrieron violencia; en el albergue “El Principito”, en Puerto Maldonado, y les dijo que son “el tesoro más preciado”.

Además de los 40 pequeños que viven en “El Principito y de algunos adultos que pasaron su niñez allí, estuvieron presentes los niños de distintos hogares de la zona como Santa Marta, Belén, Santa Cruz y de la institución de educación especial Stella Maris.

Tras recibir la Santo Padre con el popular canto “Alabaré a mi Señor”, entonado por los niños y jóvenes, el responsable del hogar, el P. Xavier Arbex, agradeció su visita y le dijo “le queremos, porque su palabra nos da esperanza”.

“Le queremos, Papa Francisco, y nos queremos unos a otros, y todos queremos un futuro digno para estos niños, adolescentes y jóvenes”, expresó y contó que “en esta selva rica, todos los días, los pobres llaman a nuestras puertas, aquí o en Caritas o en Derechos Humanos”.

Luego, los pequeños entonaron la canción “Que canten los niños” de José Luis Perales e escenificaron el sufrimiento de los indígenas que son forzados a extraer los recursos naturales y cómo fueron consolados por la Iglesia Católica representada en los misioneros dominicos.

Después, una joven de 24 años, llamada Dirsey Irarica Piña, narró cómo fue acogida en el albergue “El Principito” tras perder a sus padres en un accidente automovilístico.

“Esta casa estuvo en seguida dispuesta a brindarme todo el apoyo y el amor, al igual que para otras chicas o chicos huérfanos o víctimas y que, en adelante, formaron mi nueva familia”, manifestó la joven y contó que actualmente exporta calzados a Chile y que estudia psicología.

También expresó su deseo de que el mensaje del Pontífice “sea una luz de esperanza y de reflexión en cada uno de nosotros para que así, venciendo toda tristeza y adversidad, logramos entrar en la vida adulta y ser testigos alegres de la Bondad del Señor”.

Tras escuchar a Dirsey, el Papa Francisco, visiblemente emocionado, tomó la palabra y dijo a los presentes que al verlos recordó el nacimiento del Niño Jesús en Navidad, que “es nuestro tesoro” y afirmó que “ustedes niños son su reflejo, y también son nuestro tesoro, el de todos nosotros, el tesoro más preciado que tenemos que cuidar”.

“Perdonen las veces que los mayores no lo hacemos o que no les damos la importancia que se merecen. Sus miradas, sus vidas siempre exigen un mayor compromiso y trabajo para no volvernos ciegos o indiferentes ante tantos otros niños que sufren y pasan necesidad”, prosiguió.

El Obispo de Roma afirmó que quizás “algunos de ustedes a veces están tristes por la noche. Sé que echan de menos al papá o la mamá que no está, y sé también que hay heridas que duelen mucho”.

“Algunos de ustedes, jóvenes que nos acompañan, proceden de las comunidades nativas. Con tristeza ven la destrucción de los bosques. Sus abuelos les enseñaron a descubrirlos, en ellos encontraban su alimento y la medicina que los sanaba”, indicó y recordó que “lo representaron bien al principio” en su obra de teatro.

“Hoy son devastados por el vértigo de un progreso mal entendido”, agregó.

“Jóvenes, no se conformen con lo que está pasando. No renuncien al legado de sus abuelos, no renuncien a su vida ni a sus sueños. Me gustaría estimularlos a que estudien; prepárense, aprovechen la oportunidad que tienen para formarse. El mundo los necesita a ustedes, jóvenes de los pueblos originarios, y los necesita tal y como son”, manifestó.

En ese sentido, Francisco indicó que los niños necesitan modelos positivos a seguir que “sean para ellos, como decía el Principito, las estrellitas que iluminan en la noche”.

Como regalo para “El Principito”, el Pontífice dejó una réplica de la pintura de la “Nuestra Señora del Reposo” cuyo autor es Roberto Ferruzzi, un pintor italiano del siglo XIX.

La versión que obsequió el Papa fue elaborada en el 2014 por el artesano Gino Favero, quien le añadió a la imagen de la Virgen con el Niño Jesús algunos detalles en metal.