Homilia

Homilía del Domingo 14 de Enero de 2018

Maestro, ¿Dónde vives? (Jn. 1,35-42 )
El Evangelio de hoy nos recuerda el encuentro de Jesús con sus primeros discípulos. Es un bello y profundo encuentro. Estos discípulos son tocados por la experiencia de Jesús.
Este relato está enmarcado en la escena de Juan Bautista que está acompañado de dos de sus discípulos. Solo por este Evangelio sabemos que los primeros discípulos de Jesús procedían del grupo de Juan el Bautista. Entonces, Juan, “fijándose en Jesús que pasaba” dijo: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. La reacción de los discípulos es inmediata: “los discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús”. “Seguir” significa caminar junto a otro que señala el camino, significa también el deseo de vivir con Él y como Él. Podemos contemplar a estos dos discípulos siguiendo a Jesús en silencio, algo les atrae de Jesús. Es un momento muy importante porque hasta ahora nadie había seguido a Jesús.
Y Jesús, consciente de que lo siguen, se vuelve y les pregunta: “¿Qué buscan?”. Esta pregunta es fundamental, es válida para los hombres y mujeres de toda época. El ser humano se caracteriza por la búsqueda del sentido de su vida. Jesús nos invita a clarificarnos sobre lo verdaderamente importante en la vida: ¿Qué buscamos? Como si dijera a aquellos primeros discípulos y también a nosotros: ¿Cuál es el objetivo de su búsqueda? También nosotros podemos preguntarnos: ¿Qué busco en mi vida? ¿Qué mueve mi vida, de verdad? Vale la pena que hoy nosotros nos detengamos en esta pregunta. ¿Qué sustenta mi vida, le aporta una felicidad profunda y la llena de sentido?
Los discípulos dan un paso más y le responden con otra pregunta: “Maestro, ¿dónde vives?”. En aquella época, la gente que quería aprender de un maestro iba a compartir la vida con él… por eso, le preguntan ¿Dónde vives? Dan a Jesús el título respetuoso de Maestro. Eso indica que lo toman por guía, que reconocen que de Jesús tienen algo que aprender. Maestro ¿Dónde vives?, ellos le preguntan: Maestro ¿Dónde vives?, ¿Cuál es el secreto de tu vida?, ¿De dónde sacas la fuerza y la libertad para vivir de esa manera? No le preguntan por su doctrina, quieren conocer su vida.
Pero hay algo más profundo en esta pregunta, ¿Dónde vive Jesús?: Hoy podemos intuir que el lugar donde vive Jesús es el amor del Padre. En el Evangelio de Juan, Jesús dice: “Yo permanezco en el amor del Padre” y ese “permanezco” es el mismo verbo griego que utilizan los discípulos cuando preguntan a Jesús: “¿Dónde vives?” literalmente la traducción sería: ¿Dónde permaneces? Esto quiere decir que el lugar donde vive Jesús es “el amor del Padre”; esta es su residencia habitual, ese es el ámbito, la atmósfera que respira, ese es el secreto de su vida; es decir, Jesús es el primero que ha hecho la experiencia del amor del Padre.
Jesús les dijo: “Vengan y lo verán”. Jesús no les responde con un discurso, sino con una invitación a hacer la experiencia. Para el discípulo, lo primero es hacer esa experiencia de relación con Jesús, es entrar en la zona donde está Jesús. Jesús les dice: “Vengan y lo verán”, es decir, hagan Ustedes mismos la experiencia. No busquen otra información. Vengan a convivir conmigo. Descubrirán quién soy yo y como puedo transformar su vida.
“Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con Él”. Los tres verbos expresan todo el camino hacía el encuentro con Jesús. La expresión “se quedaron con Él” sería mejor traducirla: “permanecieron con Él”. Los dos que van a ser sus primeros discípulos establecen contacto con el lugar donde vive Jesús. Establecen una relación viva con Él.
La experiencia directa de relación con Jesús los persuade a permanecer con Él. Han pasado a la zona de la vida y del amor. Permanecen en su amor…. esto es llegar a ser discípulos/as: Permanecer en su amor. Cuando permanecemos con Él, es decir, cuando hacemos la experiencia de una relación viva con Jesús, nuestra vida se transforma, nos abrimos a los otros y descubrimos una esperanza y un sentido a nuestra vida. En esta escena Juan describe el modelo de todo encuentro con Jesús. Como escribió el Papa emérito Benedicto XVI: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, un sentido”.
Seguidamente los discípulos salen a la calle y dan testimonio de este impactante encuentro: Lo comunican a Andrés, a Felipe, a Natanael… todos son llevados al encuentro con Jesús. Esa aventura de encuentro necesitamos prolongarla en nuestros días. Necesitamos salir a la calle y comunicar a otros la alegría del Evangelio, llegar a ser una Iglesia en salida como dice el Papa Francisco.
Hoy nos volvemos a Jesús para decirle: Señor, dónde está tu tesoro y la fuente de tu alegría. Indícanos donde has encendido el fuego que quisiste hacer arder en la tierra. Quisiéramos permanecer contigo todos los días de nuestra vida.