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Dialogando el futuro

Dialogando el futuro
José Nelson Durón V.
Columnista
Los valores morales y espirituales tienen calidad eterna, no modificables por actos, decisiones, preferencias o manipulaciones humanas; forman parte de la esencia divina impregnada en el universo y su trascendencia podrá explicarse totalmente al arribar a la otra orilla de este lago o valle que atravesamos, donde el Señor Jesús duerme, descansa o está atento, según nuestra fe y nuestras acciones.

Verdad, justicia, derecho de todos, ley, respeto, bien común y todos los valores morales y espirituales que no pueden franquearse sin negar a los demás y a Dios, deben tenerse, si queremos finalmente ser libres. Leí por allí que “la verdad se encuentra, no se produce” y encendió fueguecillos encendidos por el rostro inocente de un Niño acostado en un humilde pesebre hace dos mil años. El mendrugo de pan que quitamos o negamos al pobre o al necesitado, gritará con fuerza en la infinitud esencial del corazón misericordioso de Dios y nuestras comilonas emitirán gemidos, tratando de llevar el ritmo. La Verdad es una, como lo son la Justicia, el Bien común y la Paz. Valga esta reflexión como recuerdo a quienes tienen en sus manos la tranquilidad patria y como aviso a quienes insisten en destrozarla.
Un nuevo año comienza y el nuevo gobierno debe alistar sus programas en beneficio de miles de compatriotas enviados a las calles a manifestar su frustración y sus anhelos incumplidos, cualquiera que sea su procedencia, ya sea de los barrios calientes por la pobreza o por la delincuencia, cuyas raíces son iguales y requieren del cuidado patrio. En la mesa de diálogo deben estar corazones buenos, no interesados en sí, sino en los pobres, marginados permanentes de oportunidades y bienes de todo tipo; debe prevalecer la búsqueda del bien y no los intereses políticos o ideológicos; si no quiso estar, bendito sea Dios; se resiste, también. No debe estar el yo, sino el nosotros; mis hermanos, mis otros. Que allí se geste la nueva patria que todos merecemos. Se lo pedimos al Señor, de todo corazón.