Editorial

Editorial del Domingo 24 de Diciembre de 2017

Navidad cristiana
La Navidad es un tiempo litúrgico, que la Iglesia vive con especial devoción, pues en él se celebra el nacimiento del Dios encarnado y sus primeras manifestaciones humanas. Grandiosa prueba del infinito amor que Dios tiene por toda persona, cuando para traer la salvación a todos, envía a su Hijo que asuma la condición de hombre. Nació de Santa María Virgen, la criatura más perfecta que Dios ha creado, “la llena de gracia” como la llamó el Arcángel Gabriel. La que le cuidó y lo formó, a través de la infancia y juventud, al compartir con Él los sentimientos de su corazón puro, limpio y generoso. Su madre también supo compartir con su hijo amado, los dolorosos instantes de su pasión y su muerte, en la cruz ignominiosa para la salvación de todos.
La Navidad, como tiempo litúrgico, comprende varias festividades que van desde las vísperas de la natividad del Señor hasta el domingo después de la Epifanía (la visita de los Reyes Magos), en el cual se celebra la fiesta del Bautismo del Señor, y ahí finaliza la Navidad.
Pero también, a los 8 días de la Navidad se celebra la festividad de santa María, Madre de Dios. Y en esa octava también se incluye la fiesta de la Sagrada Familia, en la que se conmemora los valores y las virtudes de humildad, adoración y de obediencia a Dios, por lo cual se caracterizaron Jesús, Santa María y San José.
El 25 de diciembre, día del nacimiento de Jesús, los fieles cristianos culminan todo el proceso de preparación del Adviento, para recibir en su corazón a la persona de Cristo. De manera que no se celebra el recuerdo del nacimiento de Cristo en un pesebre, sino que es la persona de Cristo que nace de una manera especial y nueva, en la propia vida de los fieles y las transforma, pues les ayuda a experimentar de manera más profunda, la necesidad de amar y servir al prójimo.
Por ello, el nacimiento del Señor, debe significar un cambio espiritual, donde el corazón sea liberado de toda forma de egoísmo, odio, rencor e intolerancia. Para significar esas realidades, la cena de Navidad, no es simplemente un banquete, sino que tiene que ser una reunión familiar, para que todos los miembros, puedan manifestarse el amor que los une y que ya han compartido en la Misa a la que asistieron previamente.
El nacimiento de Jesús, es un tiempo privilegiado, para perdonar, para reconciliarse, para dialogar y concertar. Al tener una mayor conciencia de que son hijos de Dios, los fieles están más abiertos para ser constructores de paz, en todos los ambientes donde conviven y se comunican con sus congéneres.
Con un corazón inflamado del amor que es fruto de la espiritualidad navideña, los fieles sienten la necesidad compartir para satisfacer las carencias de los pobres que se cruzan por su caminos, recordando las palabras del Señor Jesús “lo que hicieran a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mi me lo hacen”. Vivencia de la caridad que debe ser mantenida y acrecentada a lo largo de toda la existencia. Para imitar al Señor Jesús, que siendo el “Rey de Reyes”, quiso nacer en una humilde cueva y acunado en un pesebre, para asemejarse a los más necesitados, y no ser considerado como más privilegiado que nadie. La Navidad es un tiempo extraordinario para apreciar el infinito amor del Padre Celestial que nos ha dado a su Hijo Único, para que realizara la Salvación de todos. No obstante, es la fiesta que ha sido más agredida por la secularización que abate a la sociedad de hoy. A tal punto, que en Norteamérica, se ha suprimido el saludo de ¡feliz navidad! Y se ha sustituido por el de ¡felices feriados! Quitando de esa manera todo el gran contenido religioso a la Navidad.
¡Feliz Navidad! Para cada uno de los hondureños. Que esta Navidad, sea un tiempo de entendimiento y paz entre todos, para tener una Patria donde prevalezcan, por encima de todo, las actitudes solidarias y bondadosas. La Palabra de Dios nos manifiesta: “Gloria a Dios en las alturas….y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”