Punto de Vista Reflexión

¿Qué quiere la clase política?

¿Qué quiere la clase política?
Juan Ángel López Padilla
Sacerdote
Como saben, esta columna, debo escribirla a mitad de la semana porque, nuestro semanario, comienza a distribuirse desde el viernes por la tarde. Eso obliga a que de alguna forma lo que aquí escribimos pierde, hasta cierto punto, actualidad.
Esa es una de las mayores preocupaciones que tengo, a la hora de sentarme a escribir. Sin embargo, en esta ocasión, la preocupación no existe en lo más mínimo porque nuestra clase política es, prácticamente imposible, que cambie su manera de proceder para dentro de un par de días. A lo largo de estas dos semanas de crisis agravada, noten lo que escribo, porque la crisis política, y por ende la crisis social que vive nuestro pueblo, no comenzó el 26 de noviembre. Esta actitud de poco o nulo amor a Honduras, ejercitada por estos señores que, usan las palabras “pueblo”, “transparencia”, “ley/legalidad”, “institucionalidad”, “partido”, con una facilidad que raya en el descaro, es la responsable de que estemos como estamos. Leyendo algunas de las publicaciones de esta semana salían algunos exigiéndonos a los miembros de la Iglesia, entendiendo en su profunda ignorancia iglesia por jerarquía, que debemos lanzar la gente a las calles, a tomar partido por uno u otro lado de este espectro.
Pero, Padre, me dirá alguno: “¿se quedarán callados ante este horrendo desastre?”. Pues no, no nos hemos quedado callados desde hace años. La crisis del 2009, el golpe de Estado para aquellos que siempre andan queriendo creer que estuve a favor de la una de las páginas más sin sentido de nuestra historia, debió dejarnos lecciones que urgían de respuestas de firme y decidido deseo por adecentar todo el aparato gubernamental y la ley electoral. El problema es que aquí, quieren llamar corrupto al ladrón, y la corrupción es mucho más amplia que ese simple factor. Ha habido, una corrupción escandalosa, desde el momento en que, en cualquier gobierno y en cualquier partido, se han dedicado a dividir, a generar odio, a mentir y seguir mintiendo con una pasmosa y descarada complacencia. Se ha despreciado a Dios, al despreciar la oración, ya sea porque se invoca a Dios de manera hipócrita o porque mejor no se ora, para no quedar en ridículo y para invocar la laicidad del Estado.
¿Qué es lo que quiere la clase política? El poder es una novia celosa y posesiva que envuelve todo. Es una droga silenciosa que anula al ser humano con una ilusión fantasiosa y mecánica de bienestar egoísta, que genera una dependencia en la que los adictos jamás se conformarán, porque su avidez no tiene límites.
Estamos en Adviento, y los políticos, discúlpenme los pocos que se han metido a esto no como un negocio, sino por deseo de hacer el bien, ojalá entendieran que debe nacer una nueva Honduras, en la que no ocupamos sus excusas ni sus dilaciones, sino que ocupamos paz, verdad y amor.