Homilia

Homilía del Domingo 10 de Diciembre de 2017

“Preparen el camino al Señor, allanen sus senderos” (Mc. 1, 1-8)
Necesitamos escuchar esa voz que nos grita a todos: “preparen el camino al Señor,”. Es decir, quitar los obstáculos que impiden la llegada de Dios a nuestra vida, que no bloqueemos las puertas de nuestro corazón a su Presencia. Lo importante es abrir caminos nuevos a Dios que viene siempre a nosotros. Actualmente son muchos los hombres y mujeres que no saben que camino seguir para encontrarse con Él. Para algunos la vida se ha convertido en un complejo laberinto. Otros viven en la apariencia, guardando su imagen, el reconocimiento social y la búsqueda de poder y de tener.
Es como si Juan nos dijera: El Señor viene y necesitamos prepararle el camino. Es muy fácil quedarse en la vida sin caminos hacia Dios. ¿Es posible que hoy podamos prepararle el camino a Dios que viene hacia nosotros? Estamos llenando nuestra vida de cosas, pero nos estamos quedando vacíos por dentro. Vivimos informados de todo, pero ya no sabemos hacia dónde orientar nuestra vida.
¿Cómo preparar hoy un camino al Señor que viene a nosotros? Cuando se vive volcados hacia lo exterior, perdiéndose en mil formas de evasión que ofrece nuestra sociedad, ¿Puede uno encontrarse realmente consigo mismo y preguntarse, por el sentido de su vida?
“Preparen el camino al Señor”. Este grito de Juan no ha perdido actualidad. El “preparen el camino” está en plural. Eso quiere decir que es la sociedad entera la responsable de la injusticia y necesita conversión. El camino de liberación no es sólo cosa de Dios. Todos tenemos que hacer nuestra parte. Seamos conscientes o no de ello, Dios está viniendo a nosotros, pero hace falta que nos encontremos primero en profundidad con nosotros mismos y podamos abrirnos a Él.
“Juan bautizaba en el desierto”. El desierto es un lugar inhóspito donde no hay falsas seguridades y donde forzosamente nos encontramos con lo esencial; el desierto es por ello también el lugar del encuentro con Dios en toda la tradición bíblica y es justamente donde necesitamos adentrarnos para vivir una conversión del corazón. ¿No necesitaríamos tiempos de desierto para encontrarnos con Dios y salir con el compromiso de construir un mundo mejor? Vivimos demasiado en un mundo engañoso, entrando en caminos que no conducen a ninguna parte. El Papa Francisco en la Evangelii Gaudium escribe: “En el desierto se vuelve a descubrir el valor de lo esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo son muchos los signos de la sed de Dios y del sentido último de la vida… Y en el desierto se necesitan sobre todo personas que indiquen el camino” (EG 86).
“Acudía la gente de Judea, y de Jerusalén, confesaban sus pecados y los bautizaba en el Jordán”. La reacción del pueblo es impresionante. Dejan Judea y Jerusalén y marchan al desierto para escuchar la voz que los llama…Allí el pueblo toma conciencia de la situación en que viven; experimentan la necesidad de cambiar; reconocen sus pecados y sienten necesidad de salvación. Según Marcos, «confesaban sus pecados» y Juan «los bautizaba».
“Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre”. Juan aparece como un hombre no integrado en la sociedad y distante de los convencionalismos sociales. Así lo demuestra el lugar donde aparece “el desierto” y su manera de vestir y alimentarse. El evangelio de hoy nos recuerda la vestimenta y alimento de Juan para que nosotros eliminemos de nuestra vida todo lo superfluo que nos ofrece nuestra sociedad de consumo desmedido y encontremos lo único necesario, que basta para vivir.
Después Juan, refiriéndose a Jesús dice unas palabras preciosas: “Detrás de mí viene el que puede más que yo” … Es decir, tiene más derecho que yo. “No merezco agacharme para desatarle las sandalias”. “Yo os he bautizado con agua… pero Él os bautizará con Espíritu Santo”. Juan quiere decir que su bautismo es sólo de agua, es decir, un símbolo de renacimiento, de un comenzar nuevo, dejando atrás el fatalismo y la injusticia.
“Pero Él los bautizará con Espíritu Santo”, es decir, Jesús viene a bautizarnos con la fuerza de la Vida y del Amor de Dios. Jesús sumergirá a la Humanidad, no en las aguas del río Jordán, sino en la profundidad del Amor de Dios simbolizado por el Espíritu. Nadie podrá acallar la fuerza del Espíritu. Este es Jesús, el Mesías de Dios que viene a salvar a todos los pueblos de la tierra. ¡Dichosos nosotros si nos abrimos a su Presencia!
En este momento desolado y oscuro de nuestra cultura, Dios mismo prepara el camino en nuestro corazón para entrar en nuestra casa. Él es el pastor que cuida nuestras vidas, la mano que cura nuestras heridas, el amor siempre despierto que disipa nuestros miedos y nos hace vislumbrar la claridad de una esperanza nueva.
Que hoy podamos abrirle nuestro corazón y decirle: Señor, transforma nuestra vida y condúcenos por caminos de Justicia, de Amor y de Esperanza. Que aprendamos de Juan a ir a lo único esencial de nuestra vida.