Punto de Vista Reflexión

El riesgo de anular nuestro futuro

El riesgo de anular nuestro futuro
Juan Ángel
López Padilla
Sacerdote
Sinceramente, antes de sentarme a escribir estos párrafos, me he preguntado si valdría la pena seguir escribiendo en un país donde el ejercicio de cuestionar, de motivar y de generar algún tipo de opinión, está apareciendo como inútil.

Nunca me he considerado una persona pesimista, porque mi fe me lo impide y la certeza de que Dios actúa, más aún. Sin embargo, visto los acontecimientos de esta semana pasada, el nivel de desencanto por el futuro de nuestro país, es muy alto.
En este espacio, en este medio, a nivel de Iglesia, hemos venido insistiendo a los señores dueños de los partidos políticos que dejen de actuar con esa mezquina manera de conducir la política del país. Duele mucho ver tanto egoísmo, tanta indiferencia ante el sufrimiento de nuestra gente, tanto odio.
La semana antepasada mi buen amigo don Segisfredo Infante, a quien considero una de las mentes más preclaras de nuestro país, escribió un artículo en el rotativo que le publica sus columnas que tituló: “Argumentum ad odium”. Después de leerlo despacio, me di cuenta que coincidía plenamente con lo que aseveraba en aquellas líneas.
Nos están robando la tranquilidad, la paz, porque nos están llevando a vernos como enemigos, obviando todo lo que nos une y sobre dimensionando lo que nos separa, o nos distingue. El camino del odio es siempre el camino de los cobardes y de los fracasados. Amar es de valientes. Perdonar, también. Todo aquel que alimenta odio está negándose a construir y el descredito con que pretende destruir al objeto de su odio, le come por dentro hasta vaciarlo de sentido. El que odia, permite que el aquel a quién odia sea lo que anide en su corazón y determine su proceder. El odio es un animal insaciable que ciega, disminuye la capacidad de pensar y anula la conciencia moral.
Es imprescindible trabajar por la reconciliación a todo nivel. Sin embargo, la reconciliación sin Dios es imposible. El gesto de que ambos candidatos contendientes firmaron un acuerdo, a instancias de la OEA, en el que se comprometieron a aceptar los resultados de las elecciones a partir de lo reportado por el Tribunal Supremo Electoral, sin duda que ha sido un acto que generó esperanza, pero, y permítanme ser exigente en esto, hubiese mil veces preferido que lo firmasen juntos, para que así se notara que ambos entendían que, por encima de cualquier cosa, está Honduras. Pero el papel todo lo aguanta y no se quedó en nada.
No podemos seguir por la ruta de la división, del odio, del sectarismo y de los intereses de grupo. Es imprescindible que nuestra clase política y todos, en general, actuemos de manera consciente y que, seamos consecuentes entre lo que decimos y hacemos. Si somos capaces de ello, garantizamos que haya un mejor futuro. De hecho, que haya futuro.