Buenas Nuevas

“Lo digo a todos…”

“Lo digo a todos…”
Tony Salinas Avery
Sacerdote
Nos llega de nuevo el Adviento, el camino preparatorio para la Navidad, primera venida del Señor. El carácter preciso de este tiempo de preparación lo constituye la escucha devota y atenta de la Palabra de Dios, ya que no hay Adviento, sin esta divina Palabra.

Ella es el aliento de este tiempo, es la música que todos debemos de bailar. El evangelio de este primer domingo, comienza con el verbo “vigilar” y concluye con él. Luego vienen dos enseñanzas del por qué debemos estar vigilantes. La primera: “Vigilad, pues no sabéis cuándo es el momento preciso”, nos enfatiza no un aspecto tiránico del Señor que nos esconde verdades, sino que por el contrario nos advierte que, el día y la hora que Él venga, serán las mejores para quien ha confiado y velado junto a Él. La segunda enseñanza está basada en el “estilo” de la vigilancia. Marcos al narrar la parábola del hombre que marcha de viaje lejos, i
ndica que deja su “casa”, al cuidado de sus criados, es sin duda la hermosa imagen de la comunidad de creyentes, que vive como en relaciones de familia en “casa”, cuidados y acompañados por “vigilantes” que les animan y sostienen a estar despiertos. Se vigila porque hay esperanza, si ésta no estuviera presente no habría razones para estar en vela. Por esta razón se conjuga con la vigilancia y la laboriosidad. En la “casa” que es la Iglesia, todos los criados tienen su tarea, y todo se llaman “siervos”. Siervo es una persona que pertenece a otro, que no tiene dominio ni sobre su propia vida. En la casa del Señor Jesús, todos tienen esta condición de no pertenecerse a sí mismos, sino a Él y a los demás. La vigilancia no es una actitud de gente pasiva, inoperante y retardada, es por el contrario el compromiso de la oración que dinamiza el actuar a favor de la vida construyendo razones para vivir, para luchar, para amar. Adviento es sinónimo de la lucha por no caer en la tentación de dormir cuando ya es pleno día.
Marcos será el evangelista de este ciclo B, el más antiguo de los cuatro evangelios y el más breve. Seguramente está a la base de los otros y nos quiere llevar a conocer a Jesús como el Hijo de Dios y Mesías (Mc 1,1). Atentos y devotos para vivir esta palabra de este nuevo año litúrgico.