Homilia

Homilia del Domingo 3 de Diciembre de 2017

“Miren, vigilen, pues no saben cuándo es el momento” (Mc. 13,33-37)
Estas palabras de Jesús en el Evangelio de este primer domingo de Adviento son una invitación a la vigilancia. Una llamada a vivir de manera lúcida, sin dejarnos arrastrar por la superficialidad que parece invadirlo todo.

Jesús nos pone de relieve cuál tiene que ser la actitud del discípulo/a: El permanecer despiertos, vigilantes, en vela, respecto al “momento”. ¿De qué “momento” se trata? De la venida del Señor. Sí, el Señor viene constantemente a nuestra vida y un día vendrá de manera definitiva. El sigue viniendo en cada momento a nuestra vida. Si dormimos, no lo oímos; si huimos, no lo encontramos. Sólo el que permanece en vela, despierto, vigilante, lo encuentra.
“Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara”. Es una pequeña parábola.
El Evangelio presenta a un hombre que se marcha lejos confiando a los criados el cuidado de sus bienes. No insiste en el cuidado de los bienes sino en la actitud alerta y vigilante que deben tener porque no se conoce la llegada del amo. Como al portero se nos ha hecho el encargo de velar. El regreso del dueño puede ser de improviso.
En este pasaje del Evangelio de hoy se repite tres veces el verbo “velen” y una vez el sinónimo “vigilen”. Y también se menciona el verbo contrario: “estar dormidos”. Es una llamada a estar despiertos, con los ojos bien abiertos, lúcidos de nosotros mismos y lúcidos de lo que pasa alrededor nuestro… ¿No tendríamos que despertar de la frivolidad que nos rodea y nos impide escuchar la voz de nuestra conciencia profunda?
“Velen entonces, porque no saben cuando vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al canto del gallo, o al amanecer”.
Jesús insiste que hay que permanecer en vela siempre; “, a media noche, al canto del gallo, al amanecer al atardecer…” (Eran las cuatro vigilias en que se dividía la noche en aquel tiempo). Permanezcan en vela siempre… Esto quiere decir que no podemos vivir adormecidos. El Señor viene siempre, sabe que tenemos tendencia al sueño y a la modorra. Que vivimos distraídos, alienados y que la Vida se nos escapa.
Hoy sería bueno preguntarnos: ¿estamos despiertos o nos hemos ido durmiendo poco a poco? ¿Vivimos seducidos por Jesús y por el gozo del Evangelio o distraídos por toda clase de cuestiones superficiales?
“Lo que les digo a ustedes, lo digo a todos, ¡velen!”, así termina el Evangelio de hoy: “Velen”. Esta invitación no es sólo para los discípulos que le están escuchando, (lo que les pido a ustedes lo digo a todos), es decir, es para los discípulos de todos los tiempos. Sólo así podremos descubrir su Presencia en nuestra vida y en el mundo. Corremos el riesgo de pasarnos la vida entera enrollados en mil intereses superficiales, ajenos al Reino de Dios y al sentido más profundo de nuestra vida.
Son muchos los hombres y mujeres que caminan por la vida sin rumbo y sin sentido, con el riesgo de no descubrir nunca una fuerza interior que los despierte de su indiferencia y superficialidad.
Quien escuche en profundidad el Evangelio de este domingo es fácil que perciba interiormente una llamada a despertar, a vivir con lucidez y con una fuerza capaz de humanizar y dar sentido y alegría a su vida.
Han pasado dos mil años de cristianismo. ¿Qué ha sido de esta invitación de Jesús a permanecer despiertos? ¿No sentimos la necesidad de sacudirnos la mediocridad con que vivimos nuestra fe cristiana? ¿No necesitamos recuperar el rostro vivo de Jesús y establecer una relación vital con Él? ¿Quién como Él puede despertar nuestro cristianismo de la inercia y de la falta de entusiasmo? ¿Quién podrá contagiarnos su alegría, su libertad y su fuerza liberadora?
El Señor puede venir en cualquier momento… Y necesitamos esperarlo, con las puertas abiertas de par en par, con los ojos liberados de la pesadumbre y el corazón abierto a su Presencia. Ni el miedo, ni la angustia, ni el agobio, ni la despreocupación, ni la evasión son buenas actitudes para esperarlo.
Comenzamos hoy el Adviento, durante este tiempo resonará la oración: Ven Señor. ¡Marana Tha¡¡Ven Señor!
Ven para los pobres, para los indefensos, para los hambrientos de pan y de justicia.
Ven para los refugiados, para los inmigrantes, para los que no tienen trabajo, para los heridos por la vida… Ven para todos los que sufren… Ven para tu Iglesia…Ven para Honduras, Ven para nosotros que somos frágiles… Sólo Tú, Señor Resucitado, con tu venida, puedes devolver a este mundo la esperanza que tanto necesitamos.