Editorial

Editorial del Domingo 19 de Noviembre de 2017

Votar: derecho y deber
Ejercer el sufragio, en las elecciones generales, convocadas para el próximo domingo 26, constituye para cada ciudadano hondureño, un derecho y un deber que son ineludibles. Pues de esa manera se colabora a definir el futuro de la nación.El voto que emite el ciudadano es obligatorio, igualitario, directo, libre y secreto. El voto es una forma de participación en la vida comunitaria, mediante la cual, cada hondureño ejecuta el papel cívico que le corresponde con y para los demás. Cada votante se convierte así, en colaborador efectivo del ordenamiento de la democracia, para que esta siga siendo permanente. Y así se beneficie a todo el pueblo.
Y es que el gobierno democrático consiste en la atribución mediante la cual el ciudadano confiere, como parte del pueblo, poderes y funciones, que deben ser ejecutadas en su nombre, por su cuenta y a su favor. Lo cual está contenido en la famosa frase: “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. De manera que toda democracia es el resultado de la participación activa de los ciudadanos.
En esas condiciones, todos los miembros de la comunidad civil, en cualquiera de sus niveles, deben ser informados, escuchados e implicados, cuando se ejecutan las funciones que desarrolla la autoridad constituida de la comunidad.
En las elecciones previas que se han practicado en Honduras, ha destacado el alto índice de abstencionismo. Lo cual se ha interpretado como un rechazo a la clase política que dirige los distintos partidos participantes en las elecciones. Actualmente, en algunos Medios de Comunicación se han hecho encuestas sobre intención de voto, y en dichos sondeos de opinión, parece probable habrá un índice de abstención elevada.
Pero no votar es una forma demasiado costosa de manifestar el descontento político, pues el ciudadano no contribuye con su valiosa participación, para establecer aquellas condiciones y las estructuras que deben prevalecer en el país para que haya respeto a la dignidad de toda persona. Y tampoco ayuda para que las instituciones públicas, sean fortalecidas y orientadas, hacia el logro del bien común.
Acudir a las urnas, libremente y manifestarse de acuerdo a la convicción cívica que se sustenta, es un hacer un servicio a toda persona humana de la comunidad nacional, pues así se promueve su dignidad que es el bien más precioso que todo hombre posee. En cierto sentido, esto constituye la tarea central y unificadora de cada ciudadano para la sociedad en que convive.
Quien cumple con la obligación del sufragio, está testimoniando que tiene interés en colaborar con las esperanzas de la patria. Su gesto indica que está insatisfecho con la pobreza en que sobrevive la mayoría de la población. Que no quiere que en Honduras se mantenga el alto nivel de desempleo, ni que existan grupos organizados de delincuentes que quieran sumir al país en la terrible inseguridad. Para resolver los grandes problemas socio-político-económicos de esta sociedad en que se está inserto, hay que tener criterios claros, para seleccionar los candidatos que tengan la mayor capacidad de entrega, para desempeñar la función pública para la que han sido propuestos en estas elecciones.
Pero el deber del ciudadano consciente no se agota en acudir a las urnas, sino que debe siempre procurar estar siempre interesado, en las decisiones que dentro de su propia competencia toma el Estado. También debe participar en grupos organizados de la sociedad civil o en algún partido político, para disponer de un espacio cívico, donde pueda contribuir al progreso de la nación.
Esa es la mejor forma de garantizar el estado derecho que debe prevalecer en la vida democrática, en donde los que resulten electos están llamados a rendir cuentas de su proceder, una vez que hayan desempeñado el cargo que les confirió el pueblo,
Meditemos la Palabra del Señor Jesús; “Felices los que tienen hambre y sed de justicia…Ellos serán saciados”