Buenas Nuevas

“Velad y Orad”

“Velad y Orad”
Tony Salinas Avery
Sacerdote
E n este domingo navegamos espiritualmente en los discursos escatológicos de Mateo en sus capítulos 24 y 25. En él, el autor combina el anuncio de la ruina de Jerusalén (acaecida en el año 70 d.C.) con el fin de la era presente.

Tal parece que lo acontecido a Jerusalén marcó para su reflexión el fin de una era, que en griego se dice “aion”: eón, época o era. La idea que subyace es que, según el pensamiento apocalíptico la historia de la salvación se dividía en una serie de períodos “eones”; por ejemplo de la creación es decir, de Adán a Abrahán y de éste a Moisés, etc. Otra palabra griega interesante que nos conviene saber es “Parusía”, que significa “presencia”, ésta designaba en el mundo greco-romano la visita oficial y solemne de un príncipe a algún lugar. Los cristianos se apropiaron del término para señalar el regreso en la segunda venida de Cristo (1Co 15,23). Y hacia este concepto cristiano de Parusía apunta la parábola de este domingo, el contexto es una boda, con los detalles de la vivencia religiosa-cultural del pueblo de Israel. Las vírgenes representan a los fieles cristianos que están a la espera de su esposo Cristo. Aun cuando tarde su regreso la lámpara de su vigilancia debe estar a punto. Ellos esperan oír: “¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!”. Pero, como no se sabe el día y la ora de tan esperada vuelta, una virtud contenida en la parábola y que es de vital importancia es: “¡Velad!”, figurada en la misma lámpara, su llama es la virtud y el aceite que la mantiene ardiente es la oración. Así pues, la primera venida ya se ha cumplido y ha inaugurado la época de la Iglesia. La segunda está aún por venir, es la parusía propiamente dicha. Para el evangelista es claro y para nosotros no tanto, el fin de la era presente y la llegada del Reino de Dios en su plenitud, ya está en marcha, con la anticipación de la caída de Jerusalén, que puso final a la otra era anterior. Velar y orar son las dos condiciones que los verdaderos discípulos de Cristo están llamados a vivir y experimentar hasta que Él vuelva.