Punto de Vista Reflexión

Alegres en la esperanza

Alegres en la esperanza
Esta semana pasada cuando la liturgia de la Palabra nos proponía ese pasaje tan hermoso de san Pablo escribiendo a la comunidad de Roma, en el que les decía a ellos y del cual también somos beneficiados que los cristianos debemos permanecer: “alegres en la esperanza, firmes en la tribulación y asiduos en la oración” (Rm. 12, 12), me detuve por un largo rato a meditar en lo que todo esto significaba.

De esto les comparto un par de ideas que espero nos ayuden a todos.
En primer lugar, una vez más me convenzo de lo difícil que es hablar de esperanza en una sociedad como la nuestra, pero estoy incluso mucho más convencido, que es la virtud que más necesitamos. Son muchos los motivos que tenemos para desesperarnos, desesperanzarnos o deprimirnos, incluso; pero ninguno de esos motivos es, ni será jamás, suficiente para dejarnos robar la esperanza. La esperanza no es un simple anhelo o un deseo, sino que, por el hecho de ser una virtud teologal nos está exigiendo que se origine en Dios. No podemos poner nuestra esperanza en una persona o en un partido político o en una circunstancia cualquiera. La esperanza es un ejercicio de saber que Dios está ahí, aún en las circunstancias más adversas de la vida. Pero, su estar, no es pasivo. Está a nuestro lado para empujarnos, impulsarnos y acompañarnos, en la búsqueda del bien. No pueden tener esperanza los que actúan el mal, los que engañan, roban, matan y corrompen. A lo más que pueden aspirar, es a que no los capturen, pero la justicia, aunque sea tan horrendamente tardía en nuestro mundo, no se agota en esta vida y tiene claras repercusiones en la vida futura.
Ahora bien, admito que lo más difícil de entender para mi limitada visión de las cosas de Dios, es que se nos hable de “alegría” en la esperanza. Si ya cuesta bastante tener esperanza, ¡Cuánto más si encima de todo debemos tenerla con alegría!
Lo que pasa es que, si lo revisamos bien, desde el momento que vivo la esperanza es imposible no estar alegre, porque el horizonte se mueve. Ya no es el espejo la medida de todas las cosas y mucho menos lo es un color de una bandera o el discurso de uno de los modernos vendedores de ilusiones.
Por otra parte, la esperanza es virtud, así que se debe ser firmes en buscarla, sostenerla, no importa la tribulación, el obstáculo o la dificultad. Lo que nos da carácter es esto: permanecer firmes en la tribulación. Firmes no para soportar sino porque no vendemos lo que somos ni nos plegamos a la moda ni a la presión para ir contra nuestra conciencia.
Por último, y vaya que esto le pone la tapa al pomo. No hay esperanza y menos firmeza sin oración. La clave de todo es la constancia en el orar.
Honduras necesita la esperanza que brota de la oración comprometida y no del simple rezo vacío.