Saber elegir, para elegir bien

Saber elegir, para elegir bien Juan Ángel López Padilla Sacerdote Una de las feligreses de mi parroquia me preguntó esta semana pasada, cito: “¿y este mes de qué es?”. Entiendo que esto procede del hecho que estaba ella pensando en el mes de octubre como mes de la Biblia, septiembre como mes de la Biblia y agosto como mes del Matrimonio y la Familia.

Estuve tentado de decirle que noviembre es el mes de Cristo Rey, pero lo único que se me vino a la mente, y lo lamento muchísimo, es que este es el mes de las elecciones. El problema es que hemos entendido mal este asunto de las elecciones. Estamos claro y eso todos lo entendemos que no es lo mismo elegir que votar.
Por eso es que creo que estamos más en eso de mes de las elecciones. Nuestras elecciones debieron comenzar mucho tiempo atrás. Esto de elegir es algo que se aprende y a lo cual, lamentablemente, no se nos está educando. Me encanta escuchar en los medios de comunicación, sobre todo en la televisión, eso de programas enlatados, porque ya están grabados previamente, están almacenados.
La nuestra es una sociedad “enlatada”. Nos gusta repetir las mismas cosas. Ojalá el tema de la moda fuera algo reducido a la ropa, pero no es así. De hecho, alguien tendrá que explicarme un día de estos eso de que: “este color está de moda”, porque no entiendo quién es el que pone de moda el tal color ese. Además, al paso que voy mis colores de camisas clericales, nunca estarán de moda.
En fin, saber elegir es saber renunciar, es saber tomar decisiones basados no en aquello que nos pone al nivel de los demás sino en lo que nos hace saber que, podemos hacer algo mejor por nosotros mismos y para aquellos a los que amamos. No se debería elegir nunca en base a impulsos, sentimientos o corazonadas. Si no somos capaces de elegir mejor lo que nos hace mejores personas, mejores estudiantes, mejores hijos o padres de familia, mejores profesionales; entonces, no nos quejemos de nuestras pobres elecciones a nivel político.
Como seres humanos, como creyentes, nuestra responsabilidad es siempre ascendente. Nuestras decisiones nos definen y definen nuestro presente, al mismo tiempo que definen nuestro destino. Pobres decisiones implicarán pobres resultados.Ahora bien, por mucho que señale eso es completamente insuficiente e inútil. ¿Qué debemos hacer para tomar mejores decisiones? ¿Habrá una manera de saber que estamos tomando las mejores decisiones?
No soy experto en el tema, pero quisiera compartirles un par de ideas que espero les sirvan al respecto.
Lo primero es que nunca escojamos algo que sabemos nos hará degradarnos como personas.
Nuestra dignidad no se debe vender a ningún precio. Finalmente, nunca decidamos seguir algo que sencillamente no estamos dispuestos a acompañar o sostener hasta el final.

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