Narcisismo y política

Narcisismo y política José Nelson Durón V. Columnista Bendito sea Dios en su infinita misericordia; y Su Iglesia, custodia de la fe y protectora de los más necesitados contra la injusticia humana. Benditos nuestros pastores reunidos en la Conferencia Episcopal, que con su mensaje pide a la clase política planes de gobierno viables y a todos nosotros meditar nuestro voto, conocedora de las almas y conciencias; contribuyente, en los espacios posibles, en pro del bien común.

Con todo respeto, quisiéramos anotar algunas observaciones muy nuestras. Entrar en política supone exponerse al narcisismo; allí se aprende el egoísmo, se contagia la miopía y la ceguera. Ten cuidado, hermano, quien solo se ve a sí mismo no tiene ojos para los demás o, como mínimo, mira de lado, con desinterés, o desprecio. Se sueña dando conferencias y discursos en foros internacionales y academias, mientras el prójimo no va a la escuela o muere en la más oscura ignorancia; el narcisista político (o al revés), se apoltrona en su abundancia ignorando sus compatriotas pobres; disfruta del sonido de la lluvia con un coñac en mano, mientras otros se mojan por la falta de un techo; o se ahogan; come y bebe sabrosos manjares mientras otros fallecen de hambre y no tienen agua para saciar su sed. Quiere ser famoso y tener reconocimiento; olvida la poquedad de sus hermanos que medran por la vida; ser rico, poderoso, afamado (distinto que famoso) y está tan lleno de sí, que ya no escucha el llanto, no siente el dolor ni la miseria ajena; sólo quiere protagonismo o proteger sus intereses y ambiciones. Sé distinto y recuerda de dónde vienes.
Sobrecoge la cruz, ícono del amor, pero también del sacrificio, y fuente de la compasión. Duele ver a Jesús tiritando, como los hermanos tiemblan de frío; suplicando por un sorbo de agua; gimiendo en silencio y a solas su desamparo; viendo, desvalido, sin protestar ni ejercer su poder, cómo nos matamos, robamos, burlamos unos de otros y despreciamos. Alegra, sin embargo, contemplar a Jesús perdonando, dando el cielo desde su cruz, compasivo y comprensivo. Con esta dimensión contemplativa, que no debe perderse, oremos por todos, para que la voluntad santísima de Dios se cumpla y los votos vayan para quienes lo merecen.

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