Haced y observad lo que os diga

Haced y observad lo que os diga Tony Salinas Avery Sacerdote En el pasaje de san Mateo que nos propone hoy la liturgia se respira una tensión pesada que la Iglesia mateana siro palestina vivía por la ruptura ya abierta entre la nueva comunidad cristiana y la judía.

Para entender mejor este relato, habrá que pensar que en el momento que se escribe el Evangelio, se dan dos tipos de comunidades, podemos decir, una, la judía, compuesta por gente pomposa, tradicionalista, ávida de poder, creyéndose segura de su salvación. Preocupados sobre todo de la imagen pública que ofrecer, para lo cual se amplían las filacterias.
El término griego indica un «contenedor», un estuche de custodia; en hebreo y arameo, en cambio, se usaba el vocablo tefillín, es decir, «oraciones» porque se trataba de un objeto sagrado, destinado a uso litúrgico. Dichos relicarios de cuero se llevan ritualmente en el brazo y en la frente con pasajes bíblicos escritos. Su origen era en realidad simbólico, como dice en los pasajes escritos sobre estos pequeños rollos: «Estos preceptos que hoy te doy queden grabados en el corazón, te los ligarás como signo sobre tu mano y como recuerdo entre tus ojos».
Ésta era la representación viva de la fe en la Palabra de Dios que es alimento y guía de la conciencia (el corazón), de la acción (la mano) y de la mente (la frente). Luego, dice Jesús «se amplían las franjas», llamadas en hebreo zizit: eran flecos o pequeñas trenzas de tejido que tenían un cordoncito morado o azul colocadas en los cuatro ángulos del vestido externo, ellas servían para recordar las obligaciones de la ley y de la alianza. Estas franjas todavía hoy las colocan los hebreos sobre todo en el manto oficial de oración, el talled o tallit. También en este caso el significado espiritual del adorno era sugestivo.
Hoy Jesús sacude a quién de nosotros se sienta convencido de su salvación por ese conjunto pequeño de prácticas religiosas, que tranquilizan su conciencia, pero que en relación a su Palabra, están en verdad en desventaja, ya que se preocupan de hacer cosas externas, sin unir fe y religión, para ser verdaderamente discípulos que «dicen y hacen» tal como lo pide el Maestro.

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