Editorialdel Domingo 5 de Noviembre de 2017

Paz, justicia y solidaridad El penúltimo domingo del mes de octubre, se celebró, en todo el orbe católico el “Domingo Mundial de las Misiones”. Es una efeméride en la cual se reflexiona sobre la obligación que tienen todos los bautizados de ser transmisores del Evangelio vivo de Jesucristo, para la conversión de la humanidad.

Todo católico tiene el deber de enseñar al prójimo el sentido correcto de la existencia humana que no es otro, que amar y servir a Cristo, camino, verdad y vida, para alcanzar la vida eterna. Es una misión ineludible, pues el mismo Señor Jesús, fue quien envió a sus primeros discípulos, a llevar la “buena noticia” de la salvación, a todos los pueblos de la tierra.
Ser misionero es poner la vida al servicio del Dios vivo que ha hablado en la historia, y que hoy quiere habar a los hombres y mujeres del tercer milenio. El misionero debe comunicar la Palabra de Dios, con el ardor que Jesús hablaba en su tiempo, lo cual servía para conquistar el ánimo y los sentimientos de todos los que venían a escucharlo. No importa el lugar de procedencia, ¡todos quedaban maravillados!
En este sentido debemos estar convencidos que la razón de ser de la Iglesia es actuar como fermento y alma de las comunidades humanas, llamadas a profunda conversión espiritual según los criterios de Jesús. De esta manera la Iglesia está convencida de ser un instrumento de Dios para darle un sentido más humano al hombre y a su historia,
En las naciones del mundo desarrollado, cada día se vuelve más necesaria la actividad de los misioneros evangelizadores para la conversión de la sociedad. La mayoría de las personas se han dejado atrapar por la mundanidad, y están llenas de avaricia, odio, rencores, etc. buscando satisfacer sus deseos personales, y despreocupándose de las necesidades de sus congéneres.
De esta manera, muchos países de raigambre cristiana, como los que integran la Comunidad Económica Europea, y que han sido cuna de tantos santos que fueron testimonios elocuentes del mensaje de Jesús en diversas épocas, hoy tienen la categoría de “tierras de misión”.
Son naciones en las cuales se ha olvidado la palabra y la vivencia de Jesús en la vida personal, familiar y social. Así también se han eliminado los criterios cristianos en lo referente a la vida económica y la vida política. Son culturas selladas por un egoísmo cerril, por haber perdido el sentido cristiano de la vida y por haber adoptado una “mundanidad espiritual” o sea una adaptación al espíritu del mundo.
El espíritu mundano se suele presentar de múltiples maneras: el apego a criterios y grandezas del mundo; la indiferencia hacia los que son víctimas del sufrimiento; el querer ser y actuar como hacen todos; la viveza de la corrupción y la superficialidad.
Por eso el Papa Francisco habla siempre de una Iglesia “en salida”. Con lo cual quiere significar que la obligación de todo católico es asumir la responsabilidad de ser misionero, llevando a quienes conviven con él, la persona de un Cristo vivo, resucitado y glorioso, Señor y Salvador de la humanidad entera.
Los hondureños actualmente convocados a la elección de las máximas autoridades de la nación, que participen en la campaña electoral. Y que acudan a depositar su voto, por el candidato de su preferencia. Pero que voten de manera consciente, motivados por el deseo de forjar un futuro de paz, justicia y solidaridad para Honduras.
Que la participación ciudadana sea el fundamento para construir un futuro de esperanza, en que pueda crearse una cultura de diálogo y consensos, para que todos contribuyan al logro del Bien Común. Que exista la determinación en quienes salgan electos de luchar por disminuir la pobreza y exclusión en la mayoría de la población.
Como lo afirmara rotundamente el Señor Jesús: “Yo no he venido a ser servido….sino a servir”.

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