Orar por la paz

Orar por la paz Juan Ángel López Padilla Sacerdote He tenido unos días complicados para decidir sobre qué escribir en este espacio. He estado muy tentado a ponerme a decir alguna cosa sobre esa cochinada de “celebrar” el Halloween, ¡como si un cristiano celebra el mal! se celebra la vida y punto.

Aún al celebrar un funeral, estamos celebrando la vida de la Gracia, la vida en Dios.
En fin, desde la semana pasada, hemos comenzado a rezar una hermosa oración al final de todas las santas misas pidiendo por la paz en Honduras. Estoy seguro que en las demás diócesis del país deben estar haciendo actividades similares.
Esta oración que nos hemos dispuesto a orar cada día, no es nueva. De hecho, sólo se modificó un poco la que usábamos hace 4 años. El problema es que la modificación no ha sido porque han mejorado las cosas. Tampoco es que estamos diciendo que no se ha hecho nada, pero seamos honestos, no se ha hecho todo lo que se debería. Seguimos esperando las benditas reformas electorales. Seguimos esperando que dejemos de usar esa tarjeta de identidad que honestamente ya da vergüenza. Yo sigo enseñando la misma cara ¡de hace más de 25 años!, y los que me conocen saben bien que ni a tiros, ni por libras, me parezco. Es peor aún, cuando le piden a uno una identificación fuera del país.
Volviendo a lo de nuestra oración es tan lindo comenzar reconociendo que necesitamos al Señor. Es precisamente la autosuficiencia y la prepotencia de nuestros líderes que nos tiene como estamos. Hablan de Dios como un amuleto, pero sin nada de fe. El cinismo con el que se utiliza en plena campaña el recurrir a la sensibilidad de nuestra gente más sencilla invocando a Dios, es pasmoso.
Pero lo que en particular rezo con más énfasis es aquello de: “queremos ser una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común”. Pasión por la verdad. No pasión por seguir un partido o un caudillo. Pasión por superar toda clase de discursos baratos y slogans prefabricados. Pero, sobre todo, compromiso por ver más allá de nuestra nariz, por atrevernos a pensar con sentido de país, con responsabilidad. Si Dios nos ha colocado en la posición particular de dirigir hay que hacerlo con una conciencia limpia, con la capacidad de admitir cuando nos equivocamos y rectificar. Respetando a los otros, sus ideas. Buscando crear consensos pero sobre todo procesos que se continúen.
Una vez más necesitamos la sabiduría del diálogo, aborreciendo todo odio y no respondiendo con más odio. No más odio en las palabras, los gestos o las acciones. Así no se construye Honduras. Sin ser fatalistas. Honduras está en manos de Dios, pero de sus manos, ha sido confiada a nosotros. Si no trabajamos por la paz, no habrá Honduras.

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