Pocos los elegidos

Pocos los elegidos José Nelson Durón V. Columnista El mundo, la historia y nuestra sociedad espera tanto de cada uno de nosotros; necesita que cada uno desempeñe la misión que lo trajo al mundo, enmarcada en la vivencia común, la solidaridad entre todos, generosidad, amor mutuo (que es la caridad), el respeto y la búsqueda del bien común, que es el interés general y el motivo que enciende, une y justifica la calidad humana, fruto de la imagen y semejanza con Dios.

Esto último nos diferencia y nos extrae de la selva, de la pradera y del mar, para ponernos en la ciudad de Dios, donde debemos alcanzar crecer y ganar preminencia con los dones, inmerecidos pero inspirados, por el mismo Señor y Creador de todo el universo. En sus barrios, calles y ciudades hemos de caminar entre buenos y malos, protegidos por las autoridades, leyes y normas de conducta y de moral que la ciudad misma ha establecido. “El bien es el objeto que todos persiguen, y en aras del cual siempre actúan”, dice Platón (República, I, VI). Su discípulo Aristóteles repite la misma idea en otras palabras cuando declara (Ética, I, Q) que el bien es “a lo que todos apuntan”.
Aspirar no es lo mismo que respirar, no es natural, irreflexivo; es un derecho al que podemos recurrir si nos sabemos capaces de ejercer en toda su dimensión, sus posibilidades y alcances, para lo cual tener la capacidad necesaria es indispensable y, todavía más, los deseos de hacerlo, despojándonos de intereses personales o de grupo, ideología o política. La parábola que hoy nos narra el Señor Jesús es, además de maravillosa, muy sencilla. Hay quienes, pese a invitación tan especial, no van a Misa, no leen la Biblia, no se confiesan y se entretienen en sus negocios, otros viven en pachangas y otros en la violencia. En aquel tiempo eran los judíos; ¿quiénes son ahora? Siendo Él tan amoroso, manda invitar a todo el mundo, no solamente a los judíos, pueblo que había escogido; en este caso van de todos los pueblos y condición moral, pero manda expulsar a quienes no lo merecemos. Antes tenemos que recibir la catequesis, el bautismo y pasar por el confesionario; muchos son los invitados y pocos los elegidos.

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