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Propósito de vida

Propósito de vida José Nelson Durón V. Columnista Cosa comprobada: el amor une a quienes lo comparten. Es en realidad una brasita latente que solo necesita un pequeño soplo para estallar en manifestaciones preciosas.

Y es contagioso. El pequeño gesto del Señor Presidente, pequeño por el monto de la ayuda, ha revivido la memoria agradecida de Honduras hacia México; dos pueblos hermanos generosos unidos en la desgracia y necesidad, el momento clave para el rebrote de la caridad, que tiene la misma raíz que el cariño. No se trata solamente de solidaridad, se trata de humildad y espontaneidad, disponibilidad auténtica y cierta. La misma actitud y disposición de nuestra Madre, María, que ama a todos sus hijos, los cristianos que siguen y aman a su divino Hijo (Apo. 12, 17) He allí la clave: su amor es universal y ha crecido suavemente deslizándose por el tiempo bajo el influjo de la devoción y el agradecimiento por su intercesión a favor de quienes la solicitan.
Recientemente fuimos testigos durante el Congreso sobre Autismo que celebra APOAUTIS en la Universidad Católica en Tegucigalpa, momento de educación y sorpresas, de testimonios de jóvenes que por amor han alumbrado cualidades dormidas por la enfermedad, que no les opaca, sin embargo, lo que Dios sembró en sus almas y cuerpos. Jóvenes y padres unidos por el amor en una lucha desigual contra el infortunio; construyendo familia, amor y futuro, resaltando afabilidad, paciencia, bondad, mansedumbre y fidelidad, virtudes que son fruto del santo Espíritu de Dios.
El amor a Dios y al prójimo es la verdadera libertad cristiana en el Espíritu (Gal 5,13) y, practicado, es como un bordado fino que va creciendo bajo las hábiles y suaves manos del bordador, césped suave que cubre lo que encuentra, levadura amable y atenta que fermenta todo. A menudo afirmamos tener un propósito en nuestra vida y proyectamos hacia afuera su sujeto, sobre todo cuando por milagro sobrevivimos después de una enfermedad o un accidente; aquí está el propósito: amar a Dios y al prójimo, llave segura para abrir las puertas del cielo, que es el corazón de Dios. a Dios y al prójimo, llave segura para abrir las puertas del cielo, que es el corazón de Dios.

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