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Editorial del Domingo 8 de Octubre de 2017

Participación ciudadana El Tribunal Nacional de Elecciones, ya ha hecho entrega a todos los partidos políticos del Censo Nacional Electoral. Corresponde ahora a estas organizaciones motivar la concurrencia de los ciudadanos a las urnas, el 26 de noviembre próximo.

Mientras mayor sea la participación ciudadana, más se fortalece la democracia hondureña.
Corresponde a todo hondureño, asociado con otros, manifestar su opinión sobre los candidatos propuestos, para la presidencia de la república, los que han de integrar el Congreso Nacional y las Corporaciones Municipales. De esta manera afirma su derecho a emitir sus opiniones libremente, de acuerdo a su propio criterio moral. En la dignidad de Persona de cada votante, se encuentra implícita la soberanía popular,
A partir de ese momento, en que deposita su voto, estará comprometido a contribuir ya sea directamente o por medio de sus representantes electos, al desarrollo de la vida económica, política, social y cultural de la comunidad. En la cual está obligado a convivir en paz con sus congéneres.
La participación ciudadana no puede quedar restringida al ejercicio del sufragio, pues no deben serle ajenos los aspectos que constituyen, elementos indispensables, para buscar el bien común. El cual, es un principio esencial de la vida comunitaria, que se deriva de la dignidad, igualdad y unidad de toda persona humana, bien común que el Concilio Vaticano II en la Constitución “Gaudes et Spes” definió así: “el conjunto de las condiciones de vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección”. O sea, el desarrollo integral de todas las personas, de acuerdo a sus propias capacidades y a su esfuerzo generoso, contribuyendo al desarrollo saludable de la sociedad.
La convivencia pacífica debe ser el objetivo fundamental de la participación ciudadana. Para ello, se hace imperativo no colocar jamás los intereses sectarios e ideológicos, que sean causa de odios y rencores, por encima del deber de solidarizarse con los más débiles de la sociedad, para forjar una nación más justa.
Todo ciudadano debe estar convencido, que en la vida de la comunidad, está llamado a desempeñarse con una participación, libre y responsable, para colaborar con los demás, en el esfuerzo por la satisfacción de las necesidades de los más pobres y marginados. Porque la actividad política, cuando promueve la solución de los problemas particulares de las estructuras sociales, política y económicas de esta sociedad, tan abatida por la desigualdad, se puede lograr la profundización de la vida democrática de la nación.
De hecho, el Papa Juan Pablo II señaló que: ”Toda democracia debe ser participativa”, lo cual significa que, se hace necesario que los miembros de la sociedad, se mantengan informados, puedan ser escuchados y se les tome en cuenta, en todos aquellos asuntos de interés público, que les conciernen como miembros de la comunidad.
Uno de los asuntos que más atención requiere en el seno de la realidad hondureña, es el fortalecimiento institucional, para que aspectos tan importantes como la cultura, la educación, la salud y la nutrición que constituyen derechos inalienables para cada hondureño, sea posible se hagan asequibles para todos.
De manera que el ejercicio del voto, tiene que ser un asunto realizado a conciencia, sin presiones de ninguna índole, sino ser guiados por los propios criterios morales. Antes de concurrir a las urnas, se debe realizar un proceso de discernimiento, para evaluar entre las distintas propuestas de campaña y así escoger las que se consideren más adecuadas.
Que todos los hondureños, incluidos en el censo electoral, participen con actitud patriótica en elegir los candidatos que han de regir la institucionalidad de la nación. Y que el 26 de noviembre sea un verdadero encuentro fraterno entre los hondureños
Ya lo advirtió el Señor Jesús: “Busquen el Reino de Dios y su justicia…..lo demás vendrá por añadidura”.

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