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Abulia del caracol

Abulia del caracol
José Nelson Durón V.
Columnista
La maravillosa oportunidad de salvarnos está disponible y depende del cumplimiento de la voluntad de Dios, nos asegura el Señor en su Palabra y así nos lo ha enseñado la Iglesia desde siempre.

Certeza que acompaña la vida del cristiano y es evidenciada por conductas, semblantes, acciones y obras que forman parte del alijo de cualidades permitido que debe tener el fiel creyente. “Nada hagan por espíritu de rivalidad ni presunción; antes bien, por humildad, cada uno considere a los demás como superiores a sí mismo y no busque su propio interés, sino el del prójimo. Tengan los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús”, dice san Pablo. Sea éste un recordatorio que ayude a formar nuestra calidad de cristiano y a alcanzar el estilo de vida con signo celestial en la búsqueda incesante del bien común, en la formación de buenos hijos, familias estables y felices y a contribuir eficazmente en el desarrollo nacional. No debemos pasar por esta vida como roca, vegetal o ser silvestre, o simplemente como observadores abúlicos de una realidad que podría ser diferente con nuestra contribución. Los seres pasivos, al estilo del caracol, solamente perdiendo su concha pueden ser de alguna utilidad.
Por supuesto que el servidor público, y el candidato a serlo, es quien más sincera y exigentemente debería adoptar esta excitación y, ante un problema, reto y situación que demanda su respuesta, preguntarse: ¿Qué espera hoy el Señor Jesús de mí? Los tiempos que vivimos y los cambios muy perceptibles que el país experimenta requieren de una real conversión y del abandono de nuestros intereses en favor de los más necesitados y del beneficio general. Las actitudes egoístas son añejos restos de personalidades resentidas que no pueden esconder frustraciones interiores en almas que, ni siquiera después de haber visto, han creído en el Señor que dicen amar y respetar, considerando el arrepentimiento como algo fútil e indigno. ¿Qué pensará el Señor?