Editorial

Editorial del Domingo 24 de Septiembre de 2017

Mensajero de la paz y la esperanza
El reciente viaje del Papa Francisco a Colombia fue preparado por el pontífice con mucho amor y mucha oración. Pues sentía el peso del enorme valor pastoral que el mismo entrañaba, ya que su propósito era llevar la Palabra de Dios, llena de paz y esperanza, y así ayudar a ese país tan afectado por el odio, el rencor y el intenso deseo de venganza, después de tantos años de guerra fratricida.
De hecho la violencia de la guerrilla del Ejército de la Liberación Nacional (ELN) aún persiste. Con este grupo guerrillero no se ha negociado la paz, pero con motivo de la visita del Papa, y en consideración al entusiasmo que la misma despertó en el pueblo, estuvieron de acuerdo en aceptar un cese al fuego, actitud que fue agradecida por el Papa Francisco. Señal inequívoca que pronto comenzarán a negociar la paz. A pesar que se ha vivido un largo proceso de diálogo con las FARC que culminó con un acuerdo de paz que se está implementando, con cierta dificultad. Es que hubo un saldo de más de 250,000 víctimas, y aún hay heridas abiertas en el corazón de muchos de sus seres queridos supervivientes, que los siguen añorando.
El lema de su viaje fue “demos el primer paso”. Salir al encuentro del otro, Ese primer paso en el camino hacia la reconciliación nacional. Lo cual significa la responsabilidad personal de cada ciudadano en la búsqueda del bien común. Asumir personalmente la iniciativa hacia el perdón, para suscitar respuestas positivas en la reacción del otro.
Se hizo necesaria la presencia del Papa, pues él tiene la autoridad para hablar de la paz que solo Cristo puede ofrecer, en un país donde la paz es un concepto muy politizado; donde aún existen los carteles de la droga; con un total de 34.2% de su población en pobreza y donde persiste un alto índice de desplazados, por efecto de la actividad bélica entre las guerrillas y el ejército.
Si quiere definir la realidad de Colombia se tiene que afirmar que es un país dividido. Dividido por la aceptación del proceso de Paz, que no puede borrar el daño causado por 54 años de una lucha sangrienta y cruel, que afectó a todos los estratos de la sociedad.
Pero después de su visita, el Papa afirmó haber percibido algo especial. Y es que la gente está deseosa en que se afirme la paz, pues están cansados de tantos años de violencia por la acción de las guerrillas, los paramilitares, el narcotráfico. Pero también que cese la corrupción en el ámbito político, que tanto daño ha causado al pueblo, igual como el conflicto armado. Y es que según el Papa Francisco, la corrupción es un estado de insensibilidad frente a los valores, a la destrucción, a la explotación de las personas. De manera que el corrupto no tiene capacidad de arrepentirse. Ni tampoco tiene condiciones morales para pedir perdón a Dios. Su vida gira alrededor de la adoración del dinero.
La visita del Papa a Colombia fue como la llegada de una ola de viento fresco, a las calles de las ciudades que visitó: Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena de Indias, donde enormes multitudes pudieron disfrutar de su simpática presencia, llena de tantas muestras de cariño, especialmente para con los más débiles de la sociedad.
Y en cada una de las ciudades visitadas, se tuvo la oportunidad de escuchar su palabra, en la cual no había un ápice de improvisación. Cada uno de los mensajes eran muy bien pensados y con un gran contenido de fe, alegría y esperanza.
En Cartagena de Indias, amplió su misión de paz. Después de rezar el Ángelus, el Papa elevó oraciones por Venezuela pidiendo: “que se rechace todo tipo de violencia en la vida política y se encuentre una solución a la grave crisis que están viviendo y que afecta a todos, especialmente a los más pobres y a los más desfavorecidos de la sociedad”. Sobre Venezuela también lamentó el problema humanitario que hace que mucha gente abandone el país o sufra injusticia. Pidió que la ONU se haga sentir allí. Tomemos en serio las Palabras del Señor Jesús: “Felices los que trabajan por la paz ….serán llamados Hijos de Dios”.