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Los pecados de omisión

Los pecados de omisión José Nelson Durón V. Es importante tomar en cuenta las palabras de San Pablo, que derivan de las enseñanzas del Señor: “quien ama a su prójimo no le causa daño a nadie.

Así, pues, cumplir perfectamente la ley consiste en amar”. Son palabras esculpidas en la humanidad creyente a fuerza de meditación y oración; haciendo cabalgar corazones sobre las enseñanzas milenarias que la Iglesia, desde la conclusión de san Juan, ha enseñado al mundo como realidad absoluta: que Dios es amor, misericordia y paz.
Son realidades axiomáticas que expresadas en términos religiosos constituyen lo que expresan, un dogma: Dios es amor. Su esencia inefable es caridad, misericordia y providencia, que, juntas, constituyen amor. Tremenda realidad que debe conmovernos hasta el punto de abandonar nuestras preferencias e intereses en favor de nuestros prójimos, especialmente los históricamente relegados por la indiferencia y el egoísmo.
Sería ominosa falta de omisión callar ante la realidad nacional y no elevar gemidos, que no gritos, de protesta por las enormes carencias que sufren los más desvalidos de mis hermanos y no decir las cosas que ya se saben, al oído de quienes se postulan a cargos de elección popular: muchos hermanos se mueren de o por el hambre; sufren injusticia y la corrupción les ha negado una patria mejor, por lo que tienen que emigrar; la inseguridad y el crimen que la produce, otra razón para alejarse, la injusticia social se mofa al pasar sobre autos lujosos u ostentar desde palacios de unos cuantos que convirtieron en programas de gobierno su propio enriquecimiento. Hermano político que lees: hay tormentas difíciles de aplacar, como la difamación y la acusación infundadas; la mentira, al igual que las falsas promesas, deberán ser justificadas. Una campaña limpia y clara, por el contrario, dejará ver lo que tienes realmente en el corazón.

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