Noticias

Puertas a entornar y a cerrar

Puertas a entornar y a cerrar Jóse Nelsón Durón V. Lo hemos escuchado y leído recientemente de varias fuentes: los humanos construimos más muros que puentes, lo que se vuelve interesante en el momento en que comenzamos a explicarnos las razones para actuar así.

Entre los muros materiales quizás el más famoso es el propuesto en la frontera México-USA y cuyo proponente parece estar pasando problemas sin necesidad de escalar el famoso muro. Es que el meollo reside en que el puente es de dos vías y el otro de una sola; uno comunica, el otro divide. ¿Pero qué divide? Vale la pena peguntárselo, porque, ¡con qué frecuencia nos aislamos de los demás! En la inmediatez del diario vivir nos retiramos del latoso y del mentiroso; de quien tiene costumbres completamente diferentes a las nuestras, cuyos valores son inexistentes o sencillamente porque nuestros planes son tan elevados que ya no nos da la gana soportar los cuentos de sus éxitos y cualidades.
Defendemos nuestras posesiones, intereses y opiniones al menor asomo de peligro, porque los opuestos ofenden nuestra inteligencia y tienen la bárbara costumbre de la disidencia; los muros mantienen a salvo nuestras inquietudes, ansiedades y planes personales, porque el asunto más importante para triunfar en la vida es tener el tinte personal que dé color a nuestros actos y palabras y nos distinga por encima de los demás. Menudo egoísmo. Sobre todo se exacerba cuando nos tocan y dañan nuestra independencia de criterio y nuestra libertad para opinar, para contar nuestra verdad y para escalar sucesivamente por las escaleras del progreso personal. Por algo el Señor nos imposibilitó ver hacia los lados ya que debemos rotar nuestros ojos o nuestras cabezas para hacerlo; redujo al mínimo nuestra visión panorámica para centrarme en mí. Soy el todo que me interesa. El problema es cuando extrapolamos estas ideas a nuestra familia, el trabajo, la Iglesia o al grupo de los amigos cercanos o se los aplicamos sin más al vecino de al lado. Sin embargo, el darnos cuenta que nuestra soledad es ficticia o auto infligida, que nuestros hijos y cónyuges no son lunas que solamente deben girar alrededor nuestro y que nuestro deber es mantener el lazo invisible que nos liga hasta que la muerte nos separe; cuando los problemas familiares comienzan a aparecer, ha llegado el momento de reunir la manada y rehacer lo que se pueda.
La mayoría de los problemas son causados por deficiencias o faltas de perdón, incomprensión e indiferencia. El padre Ignacio Larrañaga, el elegante escritor, QDDG, escribe que “En el fondo último de los divorcios matrimoniales hay siempre un problema de perdón. Al no saber perdonar, el rencor acumulado fue envenenando todo hasta llegar a una situación insostenible”. Lo que afirma que en las relaciones humanas se cuela también la incomprensión, porque “el que comprende no tiene necesidad de perdonar”. Todas las relaciones humanas, especialmente las familiares, tienen como sustancias enriquecedoras y como envoltura segura y elegante, la comprensión, el perdón, el acompañamiento y la solidaridad y los padres son como los mayordomos que guardan las llaves del crecimiento grupal. Es necesario aprender qué llaves cerrar, qué puertas entornar, a quién abrir ciertas puertas y cerrar otras, pero sobre todo, aprender a guiar, acompañar, a derribar muros que ponen en peligro la seguridad individual o familiar y a construir puentes en y sobre vías seguras.
A San Pedro, que le había negado, el Señor Jesús le dice “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”. Bendiga abundantemente, Señor, al Papa Francisco, así como a todos sus antecesores y sucesores, para que la Iglesia y el mundo comprendan, acompañen y aprendan a usar las llaves que usted ha puesto en sus manos. Amén.

A %d blogueros les gusta esto: