Punto de Vista Reflexión

Las migraciones de nuestro tiempo

REFLEXIÓN | Las migraciones de nuestro tiempo
Juan ÁngelLópez Padilla
Sacerdote
“Nadie sale de su tierra porque quiere, a menos que haga turismo. Se sale porque es necesario”.
Hace un año, más aún, hace dos años escribiendo por estas fechas, dije que me sentía mal del hecho que, sólo en la primera semana de septiembre, volvíamos la mirada sobre el tema de la Migración.
Hace un año, no había sido electo el presidente Trump, y es imposible ocultar que no sólo sus niveles de popularidad son bajos, sino que además la percepción que tiene la gente en Estados Unidos, es que ha dividido más al país y ha provocado una oleada creciente de rechazo a los inmigrantes. Ni soy experto en el tema y a la vez es mi deber respetar la política interna de cualquier país, sin embargo, es evidente que existe en el mundo un movimiento que crece día con día de nacionalismos exacerbados que desprecian a los extranjeros, sin importar las razones del porqué han debido abandonar sus países.
Nadie, en particular, es responsable de manera directa de un sentimiento subyacente que aflora después de años de estarse gestando por la misma dinámica de una sociedad cada vez más encerrada en sí misma y en la que el recurso a la libertad, como punta de lanza, ha alienado a todos los que no piensan como la mayoría. Lógicamente, en una sociedad en la que todos piensan de la misma forma lo que ocurre es que son pocos los que se atrever a pensar. Es más fácil ser borregos y siempre ha sido así.
Las migraciones de nuestro tiempo están siguiendo el patrón que a lo largo de los siglos han seguido todos los flujos de personas. Nadie sale de su tierra porque quiere, a menos que haga turismo. Se sale porque es necesario, porque se quiere comer, porque se busca trabajo o se huye de condiciones de violencia, de guerra.
Cuando era adolescente tuve una discusión con mi padre sobre el tema. Fue él quién por primera vez me habló del hecho que, una raza como la nuestra, mestiza, indefinida en sí misma porque era combinación de muchas, estaba llamada a provocar un cambio muy marcado en la nación donde llegaba. Todo choque cultural es un reto.
En Europa, parece que asistimos a una repetición, con sus matices, de las invasiones que provocaron la caída del Imperio Romano de Occidente. Masas de gente que busca sobrevivir y que como verdaderas hordas están rompiendo las fronteras, empujadas por lugares donde la violencia les obliga a salir. No es fácil tratar el tema y sin duda nos quedan muchos capítulos por delante sobre esta crisis.
En el siglo V, la única institución que fue capaz de salvar lo más noble del Imperio fue la Iglesia. Algunos dicen que ahora la Iglesia no tiene la fuerza para salvar nada. Se equivocan.
La Iglesia sigue siendo la única institución, si no deja de ser inspirada por el Espíritu, de tender puentes que resistan a los que embates de un choque cultural de esa magnitud.