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“Las llaves del Reino…”

Al encuentro de la palabra... según San Mateo para la Lectio Divina P. Tony Salinas Avery asalinasavery@fundacioncatolica.org Las llaves del Reino…” (Mt 16,13-20 – XXI Domingo del Tiempo Ordinario) Si el domingo pasado recorrimos Tiro y Sidón acompañando a Jesús y sus obras, hoy nos encontramos en Cesarea de Filipo, que hoy ya no existe.

Ahora ese lugar se llama Banyas, un nombre que evoca de manera vaga a Pan, el dios pagano de las aguas, de los bosques y de la fertilidad. La única huella del pasado de esta ciudad de estilo romano, construida por uno de los sucesores de Herodes, es precisamente la gruta del dios Pan. Los peregrinos que viajan a Tierra Santa pueden llegar a esta gruta, para escuchar otra palabra que fue pronunciada en este territorio por un “Hijo de Dios vivo” y que son las palabras que Cristo dirigió a Pedro y que hoy leemos en este domingo.
Las palabras de Jesús se basan en tres grandes símbolos que ilustran la misión de Pedro y de la Iglesia tal como la concibió Jesús. El primero señala la buena obra de un maestro constructor, sólo sobre una roca se puede construir una casa, que sea tan fuerte para permanecer en píe ante cualquier huracán o tormenta. Pero Jesús, quiere señalar la magnitud de su casa, que es más que física, ya que a través del nuevo nombre dado a Simón hijo de Juan. Hablando en su lengua, que era el arameo, Jesús llama a Simón Kéfas que significa piedra, y que nosotros cambiamos por Pedro.
El segundo símbolo es el de las llaves. Con la palabra “llave” o “llaves” nos referimos a las llaves de una casa, de un cofre precioso, de una ciudad, porque se deduce que quien tiene las llaves tiene autoridad en sentido jurídico o cultural. Y de aquí se desprende el tercer símbolo: el de atar o desatar, que tiene una connotación plenamente jurídica. Esta referencia está dirigida pues, sin lugar a duda, a la persona de Simón que desde ahora se llama Pedro y a quien le ha dado autoridad con las llaves.
Con razón a este texto se le conoce como el “Primado de Pedro”, ya que habiendo elegido Jesús a Doce Apóstoles, eligió de entre ellos a Simón-Pedro para que fuera la cabeza visible del grupo y de los que por ellos creerían en Jesús, el Señor.
Él constituye a Pedro en la misma misión que le era propia: lo convierte en algo visible de unidad y de apoyo haciéndolo participar de su misión fundamental primaria y decisiva.
La piedra, las llaves, el atar y desatar son los tres grandes signos de nuestra eclesiología. En verdad con este texto comprendemos que somos una Iglesia que tiene su origen en los Doce Apóstoles y en el Primado de Pedro. Es la persona de Pedro, Cristo mismo ha constituido la arquitectura de su Iglesia.
El nombre de Pedro-Cefas resuena 163 veces en todo el Nuevo Testamento y de manera maravillosa resonará miles y miles de veces en las comunidades cristianas. Resuena y se dirige a la persona del Sucesor de Pedro, el Papa, quien es cabeza visible del único cuerpo de Cristo, que es su Iglesia. En fin pues, Mt 16,13-20 recuerda la voluntad explícita del propio Señor, que ha querido fundar Una, Santa y Católica Iglesia. Con este maravilloso texto único en la tradición de los Sinópticos, se da un paso en la catolicidad de muchos de nosotros que no sabemos nuestros orígenes bíblicos y la profundidad de los mismos. Haciéndonos presa fácil al mercado de las propuestas religiosas de nuestro tiempo.
Preguntas para la Meditación: ¿Cómo recibo estas palabras de Jesús? ¿Qué me dicen para entender a la persona del Santo Padre como Sucesor de san Pedro?

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