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La sociedad del buen gusto

La sociedad del buen gusto Jóse Nelsón Durón V. En todo encuentro y desencuentro, en cada disputa, protesta, lucha y disentimiento participan los interesados y los observadores, estén éstos sinceramente interesados o no.

Algunos sencillamente alcanzaron a pasar por el lugar y se convirtieron en testigos curiosos del espectáculo; o del suceso; o del caso. Lo cierto es que hay también los totalmente ausentes de la realidad que provocó aquello y no tienen opinión o sencillamente obvian emitirla para no juzgar sin conocimiento de causa. Sucede en los juegos deportivos, donde los jugadores y los técnicos de los equipos deberían ser quienes con mayor conocimiento pueden valorar lo que sucede. Lo vemos también en las relaciones personales y las de cualquier tipo; en los trabajos, negociaciones, estudios y, para ser cortos y enfáticos, en casi cualquier actividad humana. Con el respeto debido a los interesados, (y a los que no lo son, pero no les viene mal otra opinión, por muy desinformada que sea), vamos a referirnos a un tema a que nos hemos referido anteriormente.
Hay un acontecimiento que causa alguna molestia interior a quienes, no solo pasamos por las aulas universitarias, sino que vivimos orgullosamente esa etapa de nuestras vidas con el hambre y la sed intelectual e inquieta de la juventud, que enorgullecía nuestras almas por la dádiva que el Gobierno de la República nos dio para formar parte de una muy pequeña porción de la sociedad. Hemos expresado, pese a los descarados comentarios de algunos, que la UNAH debe ser la cuna de la instrucción, preparación, excelencia y sabiduría para la juventud que se prepara para el futuro y no escuela de corrupción, triquiñuelas y estocadas traicioneras. La política sucia no debe inmiscuirse en la cultura, aunque sí la buena, la inferida por el estudio y la lectura de la historia, por supuesto. Nunca entenderemos porqué la sociedad hondureña jamás reclamó la recuperación de la UNAH para los nobles propósitos que movieron a sus fundadores.
En Wikipedia encontramos: “El 14 de diciembre de 1845, se fundó el primer centro de estudios superiores de Honduras: “La Sociedad del Genio Emprendedor y del Buen Gusto”, gracias a la iniciativa del presbítero José Trinidad Reyes, quien fungió como primer Rector; a esta iniciativa se sumaron los estudiantes Máximo Soto, Alejandro Flores, Miguel Antonio Rovelo, Yanuario Girón y Pedro Chirinos. Dicha sociedad, que era de carácter privado, recibió protección del gobierno del país desde el 10 de marzo de 1846, bajo el nombre de “Academia Literaria de Tegucigalpa”. El 10 de marzo de 1846 el Congreso otorgó título de Academia Literaria de Tegucigalpa a la sociedad, siendo el presidente don Coronado Chávez, quien brindó apoyo a este centro educativo; luego el 19 de septiembre de 1847, siendo presidente el Licenciado Juan Lindo, elevó la academia a rango de Universidad Central, ubicada en Tegucigalpa. Se impartían clases de derecho civil, filosofía, letras y teología. El primer local de la Universidad fue el convento de San Francisco. Luego se trasladó al edificio contiguo a la iglesia La Merced. Fue así como el 19 de septiembre de 1847, de ello hace 170 años, se inauguró solemnemente la Universidad, en ceremonia pública encabezada por el Presidente Juan Lindo, el nombrado Rector José Trinidad Reyes y el Obispo de Honduras Francisco de Paula Campoy y Pérez.”
Quiera Dios que las decisiones que se tomen o los acuerdos que se logren no signifiquen un retroceso en el evidente progreso de la Universidad en los últimos años y que las asociaciones estudiantiles no vuelvan a convertirse en grupos politiqueros, sino en auténticas sociedades que gestionan el buen gusto, la cultura, elegancia, mérito, excelencia académica y sabiduría. Han llegado a nuestros oídos amenazas supuestamente originadas en envidias y celos causados por odios contra funcionarios de la UNAH que solamente han realizado sus mejores esfuerzos para la construcción de las obras que la engalanan, que me constan. Ojalá que las palabras del Señor Jesús que dirige a la mujer que le sigue con fe insistente y que escuchamos este domingo en la Santa Eucaristía, inspire a quienes tendrán en sus manos las decisiones y nos haga escuchar a quienes tenemos fe en Dios y en la sociedad que hemos creado: ¡Qué grande fe has tenido!

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