Noticias

La realidad que nos deben

La realidad que nos deben Jóse Nelsón Durón V. La democracia, siendo una forma de gobierno del Estado donde el poder es ejercido por el pueblo mediante mecanismos legítimos de participación en la toma de las decisiones políticas y cuyo mecanismo fundamental de participación de la ciudadanía es el sufragio universal, libre, igual, directo y secreto, a través del cual elige a sus dirigentes o representantes para un período determinado, debería ser un proceso casi natural de participación, tanto en la elección como en el desempeño de los cargos por parte de los electos.

El atractivo del poder, sin embargo, sumado a otras canonjías no necesariamente legales, desnaturaliza este nuestro derecho en la elección de nuestras autoridades. Las elecciones se llevarán a cabo en unos cuantos meses y ya aparecieron los primeros avisos de personalidades discordantes con este tipo de actos naturales; desde amenazas de no reconocimiento de los resultados, hasta inauditos llamados al uso de la violencia en las mesas electorales por parte de uno y, por otra parte, afirmaciones que defenderá el derecho del pueblo “aunque le cueste sangre, sudor y lágrimas”. En el ambiente de la población, además de estar unos sufriendo incomodidades, violencias, irrecuperables pérdidas de clases en las aulas universitarias, deméritos verbales y acusaciones infundadas, otros son impelidos a participar en actividades ilegales y hasta cierto punto violentas como tomas de calles, edificios y otras. Es sumamente peligroso que, exacerbados los ánimos, hubiera fuerzas oscuras tratando de provocar víctimas por causa del deber de la autoridad de conservar la ley y el respeto de todos.
Las primeras escaramuzas verbales quieren traer a la palestra pública discursos como las influencias de transnacionales, crímenes de autoridades contra ciudadanos de pensamientos distintos y luchas por cuestiones ambientales, que han terminado en tragedia, para desacreditarse unos a otros, mientras nuestra juventud continúa buscando oportunidades para abrirse paso y existen compatriotas que viven en la miseria. Pareciera que el corazón de algunos políticos no late al mismo ritmo que el de nuestros pobres y que por sus venas corren pinturas o tintes textiles, que no sangre, de cualquier color, para anteponer sus intereses mezquinos al bien común, que no es más que paz, justicia, alimentación, trabajo, educación, seguridad y salud para todos. Esta campaña electoral debe ser el termómetro para medir el calor del corazón de muchos, el polígrafo que mida la realidad de sus palabras y la balanza que determine la factibilidad de sus programas, que no la de promesas ridículas e imposibles de cumplir.
Pese a las tormentas producidas por discursos encendidos y verborreas cansinas, por lo vetusto, el pueblo está comprendiendo que podrá disfrutar de progresos pequeños, pero sucesivos, en la medida que vaya eligiendo cada día mejor y esto puede lograrse solamente a partir de una acertada evaluación de su situación actual, con una efectiva visualización de las medidas y programas que deben ser realizados para encaminarnos, por fin, por senderos de verdaderas aproximaciones a un desarrollo real, acorde con los mejores intereses y merecimientos de tan noble pueblo. La paz, el amor, la justicia y la justa retribución por los esfuerzos de cada día, escondidos en lo íntimo del corazón de Dios, no pueden venir del fuego encendido por las pasiones desbordadas por el odio, las zancadillas y las acusaciones infundadas, sino de la serena brisa de un programa y una propuesta que sea posible, acorde con el interés y el bien común. Si todos hubiesen hecho un diezmo de lo que debieron, otra realidad tendríamos; incluidos los que se lucraron, de todos los colores; los lobos con piel de oveja (que han sido muchos); los que solamente engordaron; los que se dieron lujos y viajes y los que solo fueron pan sin sal.
El Señor nos llama siempre, pese a todo, a tener confianza en su misericordioso corazón y en su providencia divina, así como en su Palabra. Pese a parecer escondido, ausente o dormido, Él no duerme y vela con nosotros para guiarnos, aconsejarnos y para sostenernos, aunque pisemos sobre las aguas turbulentas de un presente que pronto mejorará.

A %d blogueros les gusta esto: