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Editorial del Domingo 13 de Agosto de 2017

Familia escuela de valores La vida en familia, es un elemento esencial, para la formación de hombres y mujeres de bien, que sean capaces de entender, que la vida humana sólo tiene sentido, cuando se entrega para servir a los demás, Y para ello tiene que estar cimentada sobre principios y valores éticos, morales y religiosos.


Y la primera escuela donde se aprende a amar es la familia. Recordemos que el amor es la principal de las virtudes humanas. Quien no ama le será difícil cultivar otras virtudes, y no puede guiarse por principios y valores, pues carece de una sana afectividad y está lleno de egoísmo, odio, rencor y soberbia.
Es preciso recordar la definición de la naturaleza de Dios, que nos indica el Apóstol San Juan, cuando expresa que: “Dios es Amor”, De manera que quien es incapaz de amar, no está en comunicación con Dios. Y por lo tanto, no puede adquirir aquellas virtudes que hacen posible establecer relaciones humanas saludables, con las personas y las comunidades.
Es en la propia familia, aquella en se nace y se crece, donde cada miembro es apreciado, respetado y amado, y ahí se conoce la experiencia del amor. Es en esa propia familia “pequeña”, donde la voluntad y la libertad de cada uno de sus integrantes, son enseñadas a dejarse guiar por principios y valores.
De esa manera, se llegan a conocer y a practicar las virtudes humanas, que le ayudarán a forjar una personalidad honesta y sincera. Así como desarrollarse como un ciudadano responsable y generoso que contribuya, con decisión, a crear una moralidad pública, tutelada bajo la égida del imperio de la ley.
La moralidad pública es el ambiente que se vive en calles y plazas, basado en una atmósfera surgida de la opinión pública, por los medios de comunicación, por modas y costumbres, y la imagen de las autoridades y las personas más representativas de la sociedad.
El peligroso clima de violencia que se vive en Honduras, está relacionado con la carencia de educación en principios y valores, lo cual se percibe en la vivencia de la moralidad pública. Es preciso reconocer que se hace imprescindible el fortalecimiento de las familias en Honduras. Pues existen numerosas familias que están sufriendo muchos males, debido a la pobreza y la desigualdad, que caracterizan a esta sociedad.
Recordemos que la pobreza y la desigualdad, fuentes de la exclusión social, son problemas estructurales de la economía hondureña. Y precisamente por ello, se hace necesario desarrollar una sinergia basada en propuestas políticas y económicas, que contengan elementos solidarios e incluyentes, donde haya participación de todos los sectores. Sólo con base en el respeto a la dignidad de las personas, sin odios e insultos, se pueda lograr una fuerte participación ciudadana, empeñada en la construcción de una sociedad más justa.
Es preciso reconocer que la familia, bien constituida y protegida, es el espacio vital idóneo donde se pueden forjar personas generosas, buenas y sinceras, desde la infancia, creando así las actitudes adecuadas de los hombres y mujeres, que puedan asumir con fuerza, la responsabilidad de trabajar por el bien común de la sociedad hondureña.
Hay que especificar que el bien común no es un fin autosuficiente. Su valor esta en relación a alcanzar el desarrollo humano de las personas y al bien común de toda la creación. O sea que el bien común tiene una dimensión trascendente, la presencia de Dios, que le da un sentido más profundo a la situación histórica en que se vive. El bien común no se limita a un bienestar socioeconómico, sino que su razón de ser más profunda, es crear una sociedad donde se promueva siempre, el respeto y el desarrollo humano de todas las personas.
Los padres de familia, que asumen su papel formativo, son unos auténticos líderes sociales, pues están haciendo surgir personas virtuosas que saben solidarizarse con los demás, que se sienten responsables de la sociedad en que viven, y que colaboran para mejorar la situación de los más débiles y excluidos de la sociedad.
Los partidos políticos deben contribuir conjuntamente a construir un clima pre electoral, que permita el surgimiento de discusiones y propuestas para el fortalecimiento de las familias, que sea posible apoyarlas para que lleguen a convertirse en educadoras en la fe, formadoras de personas y promotoras del desarrollo.
El Señor Jesús indica: “Busquen el Reino de Dios y su justicia….lo demás vendrá por añadidura”.

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