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¿Qué hay de nuevo en la evangelización?

¿Qué hay de nuevo en la evangelización? Diac. Carlos E. Echeverría Coto carloseduardiacono@gmail.com En las dos semanas anteriores dialogamos sobre la Nueva Evangelización. Recordamos cómo esta nueva forma de evangelizar nació a finales de la década de los 80, al menos en América Latina. Unos 30 años después conviene preguntarse si hay algo que sea nuevo en ella, en estos nuestros tiempos, con una sociedad bastante diferente, por cierto.


En este esfuerzo por contrastar fe y razón, o, lo que es lo mismo, ciencia y práctica cristiana, vale la pena ver como hay cambios notables en ciencia, tecnología, filosofía, arte y otras producciones de lo que yo llamo el espíritu inmanente, que necesariamente cuestionan, aportan y retan a nuestro modo de ser cristianos, como producción de lo que denomino espíritu trascendente. Lo primero nos identifica con lo mejor (y lo peor) de lo humano; lo segundo nos religa a Dios.
Las ciencias naturales en su desarrollo nos han permitido descifrar el genoma humano, al tiempo que nos empiezan a develar los misterios de los exo-planetas y nos presentan la llamada “partícula de Dios” (bosón de Higgs). Seguimos admirándonos de los rápidos progresos de la nanotecnología y asistimos al intento de descubrir y el afán por manipular los secretos de la concepción del ser humano. El pensamiento postmodernista propone el desfondamiento de la razón –con la consiguiente secuela de escepticismo-, al tiempo en que insiste en el relativismo moral. Hay nuevos modelos políticos, no muy afortunados por cierto, al tiempo que las ciencias sociales registran alzas en los índices de pobreza e indigencia y ataques frontales contra la familia. Surgen nuevas expresiones artísticas, donde lo feo, lo sórdido y lo terrorífico campean impunemente.
Es la nuestra una época en la que –una vez más- se pretende prescindir de Dios. Y esto se constata en el creciente número de gentes que se declaran ateas, o que no tienen ningún tipo de vivencia religiosa. Simultáneamente encontramos un laicismo creciente y un fenómeno migratorio hacia otras corrientes cristianas y también hacia religiones no cristianas, incluyendo las politeístas, pues a muchos no parece importarles demasiado eso que desde antiguo se llama dogma.
En nuestra patria crece la inasistencia a las celebraciones dominicales (o sabatinas) en la Iglesia Católica y en otras denominaciones. Muchas parejas forman un hogar, pero no todas llegan al matrimonio civil y bastante menos al sacramento. Algunos buscan prácticas orientales y crecen el número de practicantes de la santería. Es enorme el número de tibios y de descreídos.
En este ambiente es donde precisamente debe de haber innovación en las prácticas pastorales. En otras palabras, no podemos seguir haciendo más de lo mismo. Hay que actuar con audacia e innovación, pero sin salirse de los cánones establecidos por la revelación, el magisterio y la sensatez.
Se trata de tomar decisiones consensuadas, en base a sana doctrina, sin pretender hacer experimentos ni en materia litúrgica, ni en materia pastoral, ni en materia doctrinaria.
Ha llegado el momento de actuar como el dueño de casa descrito en el Evangelio “que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo” (Mt 13, 52). (Continuará).

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