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La importancia de la elección

La importancia de la elección Jóse Nelsón Durón V. Las primeras impresiones, lo sabemos, parecieran marcar una diferencia sustancial en la manera en que percibimos a los demás después del primer encuentro, sujetando la intensidad de nuestra atención, seguimiento posterior e imitación, a las actuaciones, palabras, gestos y comportamientos que en lo sucesivo vamos observando en estas personas.

Por fortuna, muchas amistades, intereses comunes, sociedades, tratos y camaraderías, brotan de aquel primer encuentro y, de tratarse de diferentes sexos, afectos, noviazgos y matrimonios. Por desgracia, hay que decirlo, resultan desengaños, equivocaciones, errores mayúsculos y seguimientos y defensas equivocadas, porque el sujeto de aquel primer encuentro nos engañó con su apariencia, o sus palabras no estuvieron apegadas fielmente a su real personalidad y modo de ser. Los ejemplos abundan y cada uno tendrá en la pequeña gaveta interior reservada para las cosas íntimas, sus propios gozos internos, sentimientos, recuerdos o arrepentimientos, en la íntima custodia de su conciencia.
Hay, sin embargo, figuras públicas que decidieron, gracias a sus dotes histriónicas, vender su figura para optar por posiciones en el ámbito público y que, tan pronto lo deciden, van desarrollando actitudes, entonaciones, flemas, pretensiones, modismos y caretas, que les permiten ganarse aprobaciones que no merecen y que más temprano que tarde resultan alumbradas. No es necesario mencionar nombres del redil patrio porque resultan evidentes, especialmente los de cuño reciente. El problema se presenta al decidir el susodicho personaje dar el salto a su realidad, falsamente resguardada por intereses mezquinos o con el provecho propio por delante, sin importarle los demás. Valgan estas palabras para, quiera Dios no sea necesario, prevenir a todos los compatriotas de algunos lobos que visten pieles de oveja falsa. Hemos escrito en esta columna sobre el flaco servicio que se le da a la patria resaltando declaraciones controversiales de personas ex algo, que no hicieron lo debido en sus momentos y perdieron, creemos nosotros, algún derecho de crítica de situaciones actuales justo porque no lo merecen. Al ser expuestos a la consideración general, consiguen también una cierta autenticidad por un supuesto interés público, con lo que consiguen una continuidad inmerecida y el respeto de las gentes.
Todo lo anterior es contrario a la auténtica actitud cristiana, como comprobamos cuando leemos cómo el santo Evangelio nos dice hoy con cuánta premura del corazón que ama, admira y respeta hasta el extremo, San Pedro, más que exclamar, ruega al Señor: “Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías” Una maravillosa actitud ante un suceso que sobrepasa su humilde entendimiento, pero expresa el grado de admiración y de sorpresa ante aquella manifestación de plenitud, de consumación y de gloria que se desarrolla ante sus ojos: mirar y contemplar la gloria de Dios expresada en su humilde Maestro, el Señor Jesús, que, dejando constancia de perfecta humildad y bondad, se acercó a ellos, los tocó y les dijo: “Levántense y no teman” y también les dice: “No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.
Nunca se atribuyó el Señor, como puede comprobarse en una lectura de los santos Evangelios, ninguno de los títulos que le atribuían las gentes, con excepción del de Hijo del hombre, haciendo eco de la profecía del capítulo 7 del libro de Daniel (Primera Lectura de este domingo), que tiene una similitud teológica extraordinaria con las del libro de Ezequiel (capítulos, 2, 4, 10, 12 y 17). Me vino a la mente la respuesta humilde de Fernando García, que trabaja conmigo, y quien, al preguntarle yo si asistía a la Iglesia, bajó la cabeza y con sencillez de corazón comenzó a explicarme que él y su señora esposa son Celebradores de la Palabra de Dios desde hace veinte años. Solamente incliné mi cabeza y di gracias a Dios, pensando que con personas así es que podemos construir una nación digna y grande para todos.

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