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Editorial del Domingo 6 de Agosto de 2017

Valor del matrimonio y la familia La Conferencia Episcopal de Honduras, ha escogido agosto como “El mes del Matrimonio y la Familia” un verdadero espacio de reflexión, educación y de evangelización, sobre ambas realidades humanas que son fundamento de la vida social.


Realidades que no son invenciones humanas, sino que provienen de la voluntad libérrima de un Dios misericordioso, que ha creado a los seres humanos, con el propósito de que sean felices, y encuentren la plena realización personal, mediante la comunión con todas las personas, con las cuales, las circunstancias de la vida les permiten convivir.
El Matrimonio, en su acepción correcta, es la unión fecunda y vital entre un hombre y una mujer, fundamentados en el Amor mutuo, con el único propósito de que en su alteridad lleguen a formar “una sola carne”. Es una unión amorosa, tan profundamente lograda, que por su naturaleza se vuelve indisoluble, “hasta que la muerte los separe”.
Por estas características, el verdadero matrimonio es una unión santificada e instituida por Cristo como un sacramento.
De manera que no puede considerarse verdadero matrimonio, la unión que se realiza únicamente basado en las Leyes de la República, o sea el matrimonio civil, el cual tiene la característica de que puede ser disuelto por la voluntad de los contrayentes.
De la fecundidad del matrimonio, surgen los hijos y así se va haciendo más grande la familia, que según San Juan Pablo II: “Es el lugar primario de la “humanización” de la persona y de la sociedad” y “cuna de la vida y del amor”.
Y es que en el seno de la familia es donde se reciben las primeras lecciones de la fe, ya que el amor que se vive en su seno, es una muestra de la presencia y de la fidelidad de Dios. Lo cual conduce a la formación en valores, virtudes y la vida afectiva. De forma tal que la educación recibida en el seno de la familia es insustituible, y se vuelve un fundamento sólido para el desarrollo personal, de quien ha podido ser instruido por ella.
Los padres de familia son los responsables no sólo de la manutención y protección de sus hijos, sino que también son los encargados de formarlos intelectual y moralmente, sobre todo mediante el ejemplo de una vida cimentada en principios y valores éticos, morales y religiosos. De manera que son los padres de familia los responsables de determinar la calidad de fe que quieren transmitir a sus hijos, así como el tipo de educación en que consideran deseable sean formados.
Desgraciadamente, la enorme desigualdad que existe en la sociedad hondureña, afecta la realización de matrimonios y la estabilidad de las familias. Dados los altos índices de pobreza en que sobrevive la población hondureña, existe una gran cantidad de hogares que únicamente tienen la presencia de la madre, con abundante prole, que tiene que luchar sola para el sostenimiento de la familia. Lo cual no le permite dar una adecuada educación a los hijos, que muchas veces tienen que buscar formas de sustento por su propia cuenta, aún a riesgo de sus vidas.
En otros casos, se realizan uniones entre madres solas con hijos, con un hombre que quiere convivir con ella. En estas circunstancias son frecuentes los casos en que los hijos (varones o niñas) son víctimas del incesto, causando terrible daño y dolor a quienes han sufrido la vejación. Aunque en la mayor parte de los casos, el agresor reciba su castigo merecido, cuando se hace la denuncia ante autoridad competente.
No obstante estas dificultades, en todo el país la DINAF y las Organizaciones de la sociedad civil trabajan por mejorar las condiciones existenciales de las familias. De manera que, en muchos lugares del país, existen centros donde se brindan oportunidades de reforzamiento escolar y de educación en valores. Son actividades supletorias para hogares cuyos padres no pueden asumir su papel de formadores, por estar concentrados en buscar obtener los recursos monetarios necesarios para atender las necesidades del hogar.
La Pastoral Familiar de la Iglesia está fortalecida en todas las Diócesis y constituye una fuente de formación espiritual y afectiva para las familias que están ubicadas en zonas donde la violencia está presente, con el peligro de que sus hijos sean victimizados.
Como afirmara Monseñor Ángel Garachana, Presidente de la Conferencia Episcopal de Honduras: “La familia es un don para la Iglesia y la Iglesia es un don para la Familia”
Y como expresara el Señor Jesús; “El que recibe a un niño como éste en mi nombre…a Mi me recibe”.

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