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Cosas nuevas y cosas antiguas

Cosas nuevas y cosas antiguas Es hasta cierto punto triste conocer y repetir la larga lista de animales, costumbres, cosas y hábitos que están en peligro de extinción en nuestro derredor, sin que exista siquiera una divulgación apropiada, en manera tal que, por lo menos, podamos conservar cierta conciencia del tremendo mal que fuimos incapaces de evitar.

Entre las listas de animales en peligro de extinción que he podido leer hay hasta cuarenta y seis nombres de especies en peligro de completa extinción, entre los cuales podrían mencionarse el mono ardilla, el mono araña, mono del congo, tapir, ocelote, tigre miquero, puma, tigrito, jaguar, el manatí o vaca marina, el oso hormiguero, chancho de monte, el tucán, la iguana, el venado cola blanca, el tapir centroamericano, el agutí de Roatán, el ciervo de cola blanca, la foca monje del caribe, el tepezcuintle, el capuchino cariblanco, los micos nocturnos y una todavía larga lista de animales con nombres científicos que me resultan impronunciables (que no repito para evitar acusaciones de sabihondez fingida). En todo caso, lo que resulta verídico y honesto es el agudo pesar porque estas especies, que deberían continuar siendo pacíficos, atractivos y útiles compañeros de camino, pasarán al rincón del olvido, a menos que la sociedad disponga luchar por su conservación, con el mismo fervor dedicado a inútiles pasiones como la política y el futbol (por favor noten que menciono pasiones, no las actividades en sí), así como otras que causan el mal entre nosotros.
Continuando con las buenas, están en peligro de extinción el caballero fino y atento, educado, servidor, patriota, diplomático, culto y generoso; el galante, divertido, amable, pacífico, amigo del teatro, los bailes elegantes, la música suave y los chascarrillos; los que son prudentes, confiables, seguros de sí, capaces de dar la vida por guardar un secreto y por cumplir una promesa, o certificar un compromiso sellado con su nombre y apenas un apretón de manos. Sí, cada día son más escasos. Gracias a Dios nos quedan algunas damas elegantes, dulces, cultas, bien habladas, prudentes en el vestir y en el actuar, recatadas en el vestir y cuidadosas de sí mismas; ¡pero, Señor, que no se nos pierdan! Suspiramos con añoranza el gusto por el estudio y el orgullo de saberse parte del tres por ciento de la población graduada en la universidad (¿será menor el porcentaje?) Cada día son más raros los artículos y programas de prensa escrita, hablada y televisada con argumentos serios y cultos; analistas desinteresados de la realidad nacional; los programas de cultura general, teatro del bueno, presentaciones musicales de calidad, buen cine; los paseos en el parque y por las calles para ver las vitrinas; las idas al estadio ahora convertidas en sálvese quien pueda; las “carreras de taxis” (otra vez, sálvese quien pueda)… en fin, con tanta cosa en peligro de extinción, ¿no será que corremos todos el mismo peligro?
Porque los goles… bueno, sin entrar en las pasiones aquí criticadas, ésos ya se perdieron en la historia; los Chendo Rodríguez, Chula Gómez, Enrique Grey, Carlos (Calistrín) y Raulito Suazo, Mauro Caballero, Carlos Alvarado, Blandón Artica, Salvador Bernárdez, Juan Flores, Norales, Machado, Junia Garden, Carlos Pavón, Wilmer, Centeno Renau, Bennet, Amado, Gamboa, Tyson… y tantos otros que dejaban la piel en la cancha y fueron causa de la ya extinguida también “garra catracha”. De todos modos, creemos nosotros que la única garra realmente importante y que debe conservarse es la del progreso intelectual, moral, espiritual, técnico, social y ciudadano. Las sociedades y las personas deberían ser conjuntos equilibrados y serenos de tradiciones y de nuevas inteligencias, que unan la sabiduría de nuestros ancianos y la vitalidad de los jóvenes en procura de una existencia pacífica, respetuosa, protectora del bien común, protagonista de un fuerte crecimiento en el amor de Dios y de nuestros semejantes. Ya lo dice el Señor Jesús: “…todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas cosas nuevas y cosas antiguas”. Ojalá así fuera.

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