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Más de la nueva evangelización

Más de la nueva evangelización Diac. Carlos E. Echeverría Coto carloseduardiacono@gmail.com En 1975 el papa Pablo VI publica la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, que sentaría las bases de la Nueva Evangelización: “Aunque este primer anuncio va dirigido de modo específico a quienes nunca han escuchado la Buena Nueva de Jesús o a los niños, se está volviendo cada vez más necesario, a causa de las situaciones de descristianización frecuentes en nuestros días, para gran número de personas que recibieron el bautismo, pero viven al margen de toda vida cristiana; para las gentes sencillas que tienen una cierta fe, pero conocen poco los fundamentos de la misma; para los intelectuales que sienten necesidad de conocer a Jesucristo bajo una luz distinta de la enseñanza que recibieron en su infancia, y para otros muchos” (EN 52).


En la siguiente década, su santidad Juan Pablo II, en un discurso en la XIX Asamblea del CELAM, Puerto Príncipe (1983) vendría a dar una definición de la Nueva Evangelización, cuya cita frecuente la ha convertido en definición clásica: “La conmemoración del medio milenio de evangelización tendrá su significación plena si es un compromiso vuestro como obispos, junto con vuestro presbiterio y fieles; compromiso, no de re-evangelización, pero sí de una evangelización nueva. Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión” (JPII/XIXACELAM, III).
En esta fecha quedó oficializada la Nueva Evangelización como el “modus operandi” fundamental de la actividad pastoral en este continente. Posteriormente el mismo Santo Padre se encargaría de llevarla a los restantes continentes: África (1995); Asia (1999); Oceanía (2001) y Europa (2003).
Una Nueva Evangelización supone nuevos evangelizadores. Reflexionando al respecto, Robert Barron, obispo auxiliar de Los Ángeles (USA), ahondando en la novedad de ardor, método y expresión, pide al nuevo evangelizador tener las siguientes siete características: amar a Jesucristo, ser entusiasta y apasionado, conocer bien las escrituras (antigua y nueva alianza), conocer bien su cultura, tener corazón de misionero, conocer la tradición de la Iglesia, y manejar bien los nuevos medios y herramientas de comunicación.
Y ciertamente que el papa Francisco también hace sus propios aportes. En su magisterio queda claro que este nuevo proceso evangelizador debe darse en una Iglesia donde todos tienen lugar, nadie debe ser excluido. Esta apertura a todos exige una Iglesia en salida, que abandone sus recintos habituales y sus eventuales rutinas y llegue a las periferias existenciales. Entonces, hay que buscar las ovejas perdidas, esas personas que, habiendo sido bautizadas, no asisten a misa, no se acercan a los sacramentos, ni crecen espiritualmente. Habrá que producir un avivamiento espiritual en aquellos que están únicamente de cuerpo presente en las celebraciones: no oran, no cantan, no comulgan. Y habrá que llegar con el Evangelio a esos hermanos a quienes se asiste en su necesidades materiales, pues tienen necesidades espirituales, y no puede hacerse pastoral sin dar testimonio del Señor.

Y usted, ¿en qué participa?

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